El terremoto ocurrido en Colombia el 10 de agosto de 2026 puso nuevamente de manifiesto una realidad que con frecuencia permanece invisible hasta que sobreviene una emergencia: las comunicaciones son tan importantes como el agua, la energía, la atención médica y los alimentos.
Cuando las redes convencionales, quedan fuera de servicio, o se saturan, los radioaficionados constituyen una OPCION CIUDADANA ESTRATÉGICA para mantener abiertos los canales de comunicación.
Acabando de suceder el terremoto el pasado 10 de agosto todos necesitábamos conocer qué ocurrió, dónde se encontraban las personas afectadas, qué vías estaban bloqueadas, qué hospitales requerían apoyo, o dónde se necesitaba maquinaria, donde se necesitaba la vigilancia policial, ante este caos generado por la naturaleza debo afirmar actuaron con oportunidad los radioaficionados transmitiendo peticiones al Puesto de Mando Unificado – PMU.
En esas circunstancias que fueron críticas, los radioaficionados, mediante equipos de radio y conocimientos técnicos, pudieron establecer comunicaciones independientes de las redes comerciales de telefonía e internet en el suroccidente colombiano.
Los radioaficionados contribuyeron en la construcción de una red de información territorial, cuando los ciudadanos necesitaban comunicar una situación urgente. Esto resultó valioso en zonas donde la infraestructura de telecomunicaciones estaba limitada o había sufrido daños.
Fue un comportamiento profundamente ético de los radioaficionados colaborando durante la emergencia, fueron solidarios con la comunidad facilitaron la coordinación y ayudaron a disminuir la incertidumbre que todos padecíamos.
Ésta experiencia del terremoto deja una enseñanza institucional: Colombia debería fortalecer y articular mucho más las redes de radioaficionados dentro de sus sistemas de gestión del riesgo y respuesta a emergencias. Su participación puede complementar, sin sustituir, las comunicaciones oficiales de organismos como Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja, Policía, Fuerzas Militares y Autoridades territoriales.
Considero que, los radioaficionados deben ser considerados parte de la resiliencia comunitaria y de la infraestructura social de emergencia. Es necesario promover capacitación, protocolos, ejercicios periódicos, frecuencias de coordinación y mecanismos de enlace con los Consejos de Gestión del Riesgo.
El terremoto nos alertó que una comunidad preparada no espera solamente que llegue la ayuda: también desarrolla capacidades para comunicarse, organizarse y protegerse mientras la ayuda llega. En ese propósito, los radioaficionados colombianos representan una reserva humana, técnica y cívica que merece ser reconocida, fortalecida e integrada permanentemente a la prevención y respuesta ante desastres.
Gratitud a ARES: Radioaficionados del Suroccidente Colombiano y al RADIO CLUB DEL PACIFICO, que en un número aproximado de 200 radioaficionados atendieron múltiples peticiones ciudadanas de urgencia en esos duros momentos padecidos en el suroccidente de Colombia.