Frente a un evento no habitual, como lo fue el fuerte y largo sismo del 10/08/2026 en Cali, es preciso entender que volver a su normalidad es regresar a lo que era común; que supuestamente cumplía con unas normas; que se haya en su estado habitual; o que sigue una regla general y se encuentra sin alteraciones, crisis o novedades extrañas, junto con acciones o conductas de las costumbres o normas establecidas. Pero por supuesto hay que aprovechar para mejorar en Cali su deficiente normalidad anterior causante de muchos de los daños ocurridos.
Respecto a los suelos de la ciudad, es preciso considerar que su estado natural sigue un comportamiento sísmico diferente según su conformación geológica, y que son los que transmiten los movimientos telúricos de la Tierra a todas las edificaciones sobre ella, como es el caso de las de cualquier ciudad. En Cali, considerando la considerable extensión de la ciudad a inicios de la tercera década del siglo XXI y la diversa conformación de sus muy distintos suelos, hay que comenzar por actualizar, ampliar y detallar el mapa existente de los mismos.
Por su parte, todas las nuevas edificaciones de Cali deberían repetir los aciertos comprobados de la arquitectura tradicional de la región, evitar sus falencias y, por supuesto y obligatoriamente, cumplir con unas nuevas normas de sismorresistencia, actualizadas y detalladas según el suelo del lugar de la ciudad en el que se vayan a construir. Lo cual igualmente aplica para el reforzamiento de las edificaciones existentes cuando sea necesario, en lugar de demolerlas, o incluso también para todas sus sencillas y pequeñas reparaciones puntuales.
Con relación a los muchos, pero recientes, nuevos habitantes de Cali, urge que sean mejor educados y no solo instruidos para que sus acciones o conductas en la ciudad no apenas se ajusten a las costumbres o normas ya establecidas en las pequeñas poblaciones de las que provienen, sino a las propias, y por lo demás e imprescindibles, de una mejor y muy habitada ciudad de las siguientes décadas del siglo XXI. De ahí lo conveniente de subdividir la ciudad en varias ciudades dentro de la ciudad, unidas por ejes urbano-regionales.
Las muchas actividades de la ciudad que de inmediato se normalizaron debido a que no enfrentaron alteraciones, crisis o novedades extrañas, por supuesto hay que apoyarlas para que continúen y mejoren. Pero, además, lo más pronto posible, hay que agregar los nuevos trabajos requeridos para la reconstrucción de las partes de la ciudad con edificaciones derribadas, como para el reforzamiento de muchas edificaciones, y la reparación de muchísimas más; todo lo cual debería ser coordinado por las diversas agremiaciones profesionales pertinentes.
Finalmente, el Gobierno Municipal de Cali, en tanto el ente oficial que debe planificar, dirigir y controlar todo lo que necesario para resolver los daños urbanos como arquitectónicos ocasionados por el sismo; y hacerlo en coordinación de los Gobiernos Departamental y Nacional. Pero cuya debida gestión la deben verificar diariamente todos los habitantes de la ciudad, ya que los tienen a la vista en sus entornos y recorridos, y proceder a informar para que las autoridades puedan actuar pronto a comprobarlos y tomar las medidas del caso efectivamente.
Responsabilidades ciudadanas, todas las sugeridas, que se deberían sumar a la bienvenida solidaridad, espontánea, masiva y generalizada, de los días siguientes al sismo, a la que mucho hay que agradecer, pero que ahora toca regularizarla y enfocarla a través de instituciones, entidades y vecindarios. Mas en ningún caso hay que abandonar de ninguna manera dicha solidaridad en los años que siguen, si no, por lo contrario, lograr a lo largo de los años transformar esa fraternidad en un nuevo carácter: Cali la capital de la salsa y de sí misma.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.