Varios columnistas y profesionales ya han señalado la responsabilidad que tienen los promotores, arquitectos, ingenieros, constructores y vendedores respecto a las edificaciones que se derrumbaron o se dañaron mucho con el sismo del 10/08/2026, a los que por supuesto hay que agregar la falta de control y corrupción de las autoridades sobre el cumplimiento de las normas urbano arquitectónicas vigentes, en todas las nuevas construcciones, y su adecuado uso y mantenimiento posterior. Pero poco se ha opinado sobre la pertinencia de esas normas, considerando las diferencias existentes de frente a los sismos, de los distintos suelos de la ahora muy extensa ciudad que es Cali, lo que implica su actualización antes de concretar un nuevo POT.

         Un sismo es la liberación repentina de energía en el interior de la Tierra, la que viaja en forma de ondas sísmicas que, al llegar a la superficie, se sienten como una vibración pasajera o una sacudida brusca de la corteza terrestre; es decir, del suelo, lo que ocasiona que todo lo que está sobre él, también se mueva, como lo suelen hacer las edificaciones, pero entonces dependiendo de su diseño, construcción, uso y mantenimiento. Por otra parte, una edificación sismoresistente es aquella proyectada y construida para soportar fuertes movimientos del suelo sin derrumbarse; pero su objetivo principal no es evitar los daños por completo, sino proteger la vida de las personas que la habitan y permitir que su evacuación rápida y segura, y no ocasionar daños a los que están abajo.

         En consecuencia, urge un plano actualizado de las diferentes áreas de la ciudad, en tanto la geología de su suelo y su comportamiento ante los sismos, y señalando los barrios que las conforman y sus parques y áreas verdes. Un inventario de qué tipo de edificaciones, junto con sus usos, resistieron mejor al sismo, en cada una de esas diferentes áreas, y comparar dichas edificaciones con las que sufrieron más daños, lo que facilitará sacar más rápido conclusiones acertadas al respecto de su construcción como de su arquitectura. Que se identifique cuáles edificaciones se pudieron evacuar con más seguridad y más rápidamente; y cuáles contaban con espacios urbanos públicos o privados inmediatos o cercanos, en donde pudieron resguardarse de la caída de partes de sus fachadas.

         El hacer pública y actualizada toda esa información mencionada, permitiría que los clientes que van adquirir las nuevas edificaciones que ofrecen las constructoras, puedan comprobar su calidad antes de adquirirlas; y lo mismo a los propietarios de todas las existente, para que puedan comprobar su seguridad y, si es del caso, proceder a su reforzamiento. Información que posibilitaría que todos los habitantes de la ciudad tomen conciencia de que son los principales responsables ante los muertos heridos, desaparecidos y daños materiales que ocasionan los sismos no además de vendavales e inundaciones e incendios; y habilitándolos para que sean los primeros vigilantes de todo lo que se construye en su entorno y procediendo a informar a tiempo a las autoridades respectivas.     

         Responsabilidad que hay que entender como el valor y la obligación de cumplir con los deberes, tomar las decisiones con conciencia, y aceptar las consecuencias de los propios actos; es un pilar clave para la convivencia en la sociedad y el respeto mutuo es el compromiso con el bienestar de la comunidad y el entorno, la ciudadcumplir con los principios propios de la conciencia y la ética; responder ante la ley por daños causados, y pagarlos o repararlos. La responsabilidad en una ciudad es el compromiso diario de cuidar los espacios públicos, respetar a los vecinos y entender que cada acción individual afecta el bienestar de toda la comunidad. Como titula Ricardo Villaveces su columna de El País, del 22/08/2026, se trata nada menos que del “Gran desafío”. 

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.