El declive económico y las tormentas políticas que debilitan la soberanía energética de Colombia. Gustavo Petro
Se ha insistido históricamente en un postulado irrefutable para las finanzas nacionales. Ecopetrol S.A. es, sin lugar a dudas, la joya de la corona del Estado colombiano. Esta premisa no obedece a un mero sentimentalismo corporativo, sino a su peso estructural en el Producto Interno Bruto (PIB) y en la financiación del gasto público. Sin embargo, la reciente inestabilidad en su cúpula directiva y el deterioro progresivo de sus indicadores financieros han convertido este bastión económico en el epicentro de una profunda crisis política y de gobierno corporativo. El fin de los 4 años de Gustavo Petro y la era de Ricardo Roa Barragán al frente de la compañía marca el cierre de un ciclo caracterizado por severas contradicciones operativas y ruidosos expedientes judiciales.
Desde una perspectiva estrictamente económica, la gestión saliente deja un balance profundamente preocupante. Aunque los comunicados oficiales intentan matizar el escenario destacando un presunto incremento en el índice de reemplazo de reservas en el negocio tradicional y avances en la transición energética, la cruda realidad se refleja en las utilidades de la compañía. Durante el periodo de Roa, las ganancias netas sufrieron un desplome sistemático. Tras alcanzar cifras históricas en años anteriores, las utilidades netas de Ecopetrol cayeron a $14,9 billones de pesos, para luego sufrir una contracción del 39,5% y cerrar el ejercicio en apenas $9,02 billones. Esta sustancial reducción de los excedentes financieros no solo compromete la ejecución de proyectos de inversión, sino que asesta un golpe directo a las transferencias de dividendos que el Gobierno Nacional requiere con urgencia para sostener sus programas sociales y fiscales.
El componente político del declive de la estatal petrolera está intrínsecamente ligado a la pérdida de confianza institucional. Ricardo Roa abandonará definitivamente la presidencia de la compañía tras un breve regreso de 4 días, cerrando formalmente su ciclo en la organización. Su salida se produce bajo la pesada sombra de dos procesos penales vigentes ante la Fiscalía General de la Nación. El primer expediente penal indaga las presuntas irregularidades y la violación de los topes de financiación electoral de la campaña presidencial de 2022, de la cual Roa fue gerente general. Esta investigación nació a raíz de las alertas emitidas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y pone en tela de juicio la legitimidad ética de la dirección de la empresa.
El segundo caso rastrea un presunto tráfico de influencias relacionado con la adquisición de un apartamento de lujo en Bogotá, donde la justicia busca determinar si dicha transacción inmobiliaria se tradujo en posteriores prebendas o direccionamiento de contratos a favor de intereses particulares dentro del sector de los hidrocarburos. A pesar de que el directivo ratifica su inocencia y ha manifestado su total disposición a comparecer ante los tribunales, el daño reputacional sobre la acción de la petrolera en las bolsas internacionales ya es un hecho consolidado.
Este debilitamiento del gobierno corporativo se ha extendido también a la Junta Directiva de la compañía, cuya estructura acaba de sufrir una severa reorganización. Las renuncias por motivos personales de Ángela María Robledo Gómez, quien ejercía la presidencia del órgano y de Tatiana Roa Avendaño forzaron un reordenamiento inmediato de las dignidades internas. En este rediseño, Luis Felipe Henao Cardona asumirá la presidencia de la Junta Directiva, acompañado por Hildebrando Vélez Galeano en la vicepresidencia. En medio de este ajedrez de poder y ante la inminente transición hacia el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella, Juan Carlos Hurtado Parra tomará las riendas de la presidencia de Ecopetrol de forma transitoria, bajo la estricta aplicación de la política de sucesión vigente para salvaguardar la operación diaria de la empresa.
Ecopetrol no puede seguir siendo tratada como un botín burocrático ni como un laboratorio de experimentación ideológica que sacrifique su rentabilidad. La abrupta caída de sus utilidades y los escándalos penales de su dirigencia demuestran que la soberanía energética de la nación pende de un hilo. El encargo temporal en la presidencia y la reconfiguración de la junta directiva deben dejar atrás la interinidad para abrir paso de forma urgente a una administración técnica, transparente y despolitizada que logre restablecer el valor bursátil y la confianza de los inversionistas globales en la joya de la corona de Colombia.
El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció, la designación del ingeniero civil Jorge Mario Velásquez Jaramillo como nuevo integrante de la junta directiva de Ecopetrol. Actualmente es el presidente de Cementos Argos 2016 – 2026, egresado de la Escuela de Ingeniería de Antioquia, hoy Universidad EIA, actual presidente del Consejo Superior. Tiene formación ejecutiva en Kellogg School of Management y Stanford University, además del programa de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes.