En Colombia, la política ha sido durante décadas un escenario de esperanza y también de decepción. Cada elección trae consigo promesas de cambio, desarrollo y bienestar, pero con el paso del tiempo, muchas de esas promesas quedan en el olvido, generando un profundo desencanto en la ciudadanía.

Desde la lucha contra la pobreza, la mejora en la educación y la salud (entre otras), hasta la paz duradera, los ciudadanos han sido testigos de innumerables compromisos que, por diversas razones, no han llegado a materializarse en la realidad cotidiana de la población. La falta de cumplimiento de los mandatarios y sus “ofrecimientos” en campaña, no solo afecta la credibilidad de los políticos, sino que también perpetúa la desigualdad social en el país.

Diversos factores contribuyen a este fenómeno: la corrupción, el ego de los mandatarios, promesas populistas irrealizables, la falta de voluntad política, intereses económicos, personales, el amiguismo, pago favores de campaña, la fragilidad institucional, etc etc etc., todo amparado en la manipulación al elector y su “ingenuidad” a la hora de votar.

Este incumplimiento sistemático, ha generado una ciudadanía cada vez más escéptica y desmotivada, que duda de la sinceridad de los políticos y de la posibilidad real de cambio. La propuesta incumplida, se ha convertido en una fuente de frustración que alimenta la apatía electoral y el desencanto con el sistema democrático.

La corrupción, afecta significativamente la credibilidad de los colombianos, tanto a nivel nacional como internacional. Cuando se percibe que los líderes políticos y las instituciones, están involucrados en actos de corrupción, se genera desconfianza, afectando la percepción de transparencia, justicia, claridad y buen gobierno. Esto puede disminuir la fe en las instituciones, reducir la participación ciudadana y perturbar la imagen del país en el extranjero. Fundamental que los líderes políticos asuman un compromiso serio con la ciudadanía, sin populismo, alejados de discursos ventejulieros o falsas promesas, que enredan y confunden a la ciudadanía.   Solo así podrá recuperarse la confianza y avanzar hacia un país más equilibrado. La historia del discurso populista y amarrado en Colombia, nos llama a reflexionar sobre la importancia de la honestidad, la responsabilidad y la verdadera voluntad de transformar la realidad social, cuyo único fin sea el beneficio colectivo de todos los colombianos.

Durante las últimas décadas, Colombia ha enfrentado múltiples desafíos políticos, sociales y económicos que han puesto a prueba la capacidad de sus gobiernos para promover el desarrollo sostenible. La llegada de la nefasta izquierda al escenario político colombiano en éste último cuatrienio, les representó una oportunidad única para transformar las estructuras tradicionales y ofrecer una alternativa genuina para el bienestar de la población. Solo fueron promesas incumplidas, que dejaron zozobra y desolación en la población que apoyó y creyó en ese proyecto político.

La historia aún está por escribirse, y la oportunidad de hacer un buen gobierno, está por venir, esperando ser aprovechada con decisión y compromiso, sin ilusiones ni mentiras. Si a los gobernantes les va bien, a todos nos va bien y esa debe ser la fuerza que nos debe unir.

Personalmente creo en resultados, no en promesas, es mi actitud positiva y enfocada, creo firmemente que lo que no se demuestra, sencillo, NO EXISTE!

Reflexión 1: ¿De qué manera las promesas políticas incumplidas afectan la confianza de la ciudadanía  y qué acciones podrían tomarse para mejorar la responsabilidad y la transparencia en la gestión pública?

Habrá que seguir con la lupa puesta..!

Emperatriz Giraldo S

Comunicadora y Periodista - [email protected]