El crecimiento y desarrollo urbanístico de la ciudad de Cali ha transcurrido en términos generales  en forma anárquica y espontánea, en tanto que los planes de ordenamiento territorial aprobados por el Concejo municipal, muy poco o nada contribuyeron a mejorar las condiciones urbanísticas de una ciudad en expansión al vaivén de los intereses de las grandes constructoras de viviendas, centros comerciales, obras de infraestructura, que con el proceso de metropolización traerán mayores problemas y desafíos que las autoridades respectivas tendrán que afrontar en el inmediato futuro.

Lo preocupante, es que el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial se reduce en buena medida a la autorización de cambios en el uso del suelo que en la práctica se convierten en una forma ilimitada de introducir modificaciones que han alterado sustancialmente la identidad de varios sectores tradicionales e históricos de la ciudad, que hacen parte del patrimonio histórico, arquitectónico, cultural y paisajístico.

Un ejemplo palpable de lo que acontece, es lo ocurrido con el barrio San Antonio en donde se impuso un cambio en el uso del suelo permitiendo que, conjuntamente al lado de los bienes residenciales y patrimoniales se pudieran desarrollar actividades comerciales y turísticas, perdiéndose de esta manera la identidad de uno de los barrios más antiguos de la ciudad y con ello, de su legado patrimonial.

Desde luego, no se trata de que la ciudad no avance hacia el progreso urbanístico, sino que se impongan límites al afán constructor, con el cual se viene destruyendo la memoria de la ciudad y de los caleños. No es aceptable que se continúen realizando grandes negocios con los cambios de uso del suelo a partir de la industria de la construcción que hoy está convertida en un factor determinante del desarrollo urbanístico que tan solo genera beneficios para un sector exclusivo de la sociedad.

Otro aspecto que conviene recordar es el relacionado con el plan de Renovación Urbana que se adelanta en un sector deprimido del centro de la ciudad denominado “Ciudad Paraíso”, a través del cual, se aspira transformar dicho sector con la construcción de apartamentos para viviendas, centros comerciales y una estación central del MIO.

La construcción de este plan de renovación urbana generó el desplazamiento de gran parte de la población residente en el sector, que terminó viviendo en inquilinatos en algunos barrios aledaños al centro de la ciudad, tugurizados en virtud del hacinamiento y en las peores condiciones habitacionales.

No estamos en contra de que se proceda a realizar la renovación urbana del centro de la ciudad, solo que la misma no se puede convertir en una forma de expoliación y desplazamiento de la población, sino en la necesidad de mejorar el entorno del sector y las propias condiciones habitacionales de sus residentes. Circunstancia esta que debe ser tenida en cuenta al momento de discutir y aprobarse el Plan de Ordenamiento Territorial de Cali para los próximos doce años.

El nuevo plan debe tener un carácter integral ya que no solo debe contemplar los cambios en el uso del suelo sino todos aquellos factores determinantes de su desarrollo relacionados con los servicios públicos, el transporte, el medio ambiente, el paisaje, todo ello articulado con el cambio climático, el agua y la seguridad alimentaria para los caleños.

Estos aspectos deben ser tratados y analizados ampliamente con la participación de los ciudadanos, a quienes tan solo se les concede un pequeño espacio en las instancias en donde se discute y se aprueba dicho plan.

En esta oportunidad exigimos de las autoridades cumplir con la obligación constitucional de garantizar la participación real y efectiva de los ciudadanos en su discusión, en virtud de ser un asunto de interés general para los habitantes del distrito.

ADENDA: El nuevo POT debe tener un carácter integral ya que no solo debe contemplar los cambios en el uso del suelo sino todos aquellos factores determinantes de su desarrollo relacionados con los servicios públicos, el transporte, el medio ambiente, el paisaje y el patrimonio histórico, cultural, arquitectónico, todo ello articulado con el cambio climático, el agua y la seguridad alimentaria para los caleños, lo que no se aprecia en el proyecto inicial pues al utilizar “frases  de relleno” que dan la apariencia de respeto al medio ambiente, al recurso hídrico, la biodiversidad, el paisaje y  patrimonio histórico, cultural, arquitectónico, se permitirían actividades que atentan contra lo que dicen proteger y por consiguiente, contra la vida y salud de los caleños.

Se pretende transformar a Cali en una megalópolis gris, sin identidad, mal copia de otras con historia, cultura, geografía, paisaje, totalmente diferentes.

De ahí que, aunque es necesario conocer experiencias ajenas y lejanas de las mega ciudades, indagar sobre sus impactos negativos como el encarecimiento de la vida, la gentrificación, contaminación ambiental, reducción del recurso hídrico, inseguridad alimentaria al cambiar la vocación del área rural para cultivo de alimentos aprovechando la calidad del suelo, la movilidad, etc., los caleños tienen el deber cívico de analizar y debatir el modelo de ciudad que un sector poblacional minoritario pretende imponer pre válidos del poder que da ejercer como funcionario público en tanto, el POT debe ser con los profesionales caleños conocedores de la geografía, historia, cultura de la ciudad.

Lo contrario, es ir contra las necesidades e intereses de los caleños, y la Constitución dando prevalencia a intereses gremiales particulares.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social