En 1923 llegó a Buenaventura el primer grupo de 4 inmigrantes japoneses  inspirados en  los hermosos paisajes de Amaime y Nima descritos por Jorge Isaac en la novela La María. En 1.929 se le encargó a Yuzo Takeshima la selección y la compra de un terreno para el uso agrícola de emigrantes japoneses en el valle geográfico del río Cauca; la  Compañía de fomento de Ultramar realizó la inscripción y el transporte marítimo de los inmigrantes y la administración inicial de la colonia.

Se eligió un terreno de 200 plazas en la cuenca hidrográfica y la vereda El Jagual, municipio de Corinto Cauca, en suelos de transición algo ácidos, en octubre llegaron 25 personas, migrantes jóvenes  de origen campesino, que venían atraídos por “la tierra prometida”. Ellos habían zarpado   de   la   bahía   de Tokio, mirando  con gran nostalgia la silueta y el esplendor blanco nevado del  sagrado monte Fuji.

Al llegar y desembarcar en Buenaventura, ellos viajaron en tren hasta Cali y en carro hasta Corinto, y empezaron  a  cultivar la tierra y  producir  arroz   y sorgo en   suelos de regular fertilidad en la cuenca baja del río Jagual. Ante el resultado de las primeras cosechas,  decidieron trasladarse a los feraces aluviones de Florida y Palmira; en cuencas bajas del Fraile, Bolo, Amaime-Nima; hasta influir positivamente con su disciplina diaria y conocimiento de la producción de fríjol y soya en la agricultura del valle geográfico del río Cauca a partir de Palmira.

Pronto los Kuboyama, Nishi, Tesina, Shimas, Moritmisu, Yoshioka, Nishi, Kuratomi, Coga, Takegami, Watanabe, Sakamoto, se convirtieron en maestros cultivadores de fríjol, soya, sorgo, maíz e incluso algodón e impulsaron el desarrollo agrícola vallecaucano, con sus conocimientos en  semillas, maquinaria agrícola, el riego por aspersión,  subsoladores, buldóceres para el movimiento y la adecuación   de  tierras y sistemas de drenaje.

Para el año de 1938 la colonia japonesa tenía 25 tractores, que habían conseguido invirtiendo las ganancias de sus cosechas. Con sus conocimientos del arado, el rastrillado, la siembra precisa de los cereales y las leguminosas, su habilidad para cultivar con pequeños tractores…   Una vez terminada la segunda guerra mundial que les representó algunos problemas por la participación de Japón en los países del Eje con Italia y Alemania, los japoneses se expandieron y generaron una bonanza agrícola en todo el Valle del Cauca, hasta Cartago. Ellos introdujeron mejoramientos en maquinaria agrícola; zancudas para la aplicación de fertilizantes, rotavator, cultivadoras y cosechadoras ajustadas, para partir menos granos en las cosechas de fríjol. Usaron sistemas de riego por microaspersión.

Los japoneses se expandieron y generaron una bonanza agrícola en  el fértil valle del río Cauca. Palmira era la capital agrícola de Colombia que amanecía fresca por las gotas del rocío. Decenas de miles de proletarios del campo se levantaban con el alba a sembrar, regar, ralear, deschuponar, cosechar…la colonia japonesa era la avanzada de la producción agrícola. Ellos mismos araban, rastrillaban, sembraban, regaban, cultivaban, abonaban y cosechaban, con admirable disciplina, de sol a sol. Capacitaron a sus tractoristas y operadores de bulldozer y máquinas cosechadoras, especialmente de fríjol y soya. Permitían las requisas de cereales y leguminosas. Y como si fuera poco, enviaron representantes al Japón para especialización en maquinaria agrícola y buldóceres.

Ante esta situación en Diciembre 22 de 1951,  52 agricultores en cabeza del señor Pablo Tokushige Sakamoto fundaron SAJA, la Sociedad de Agricultores Japoneses que operaba en la carrera 32 de Palmira cerca a la vía hacia Candelaria, con ventas de maquinaria agrícola incluyendo arados, cosechadoras, tractores y bulldozers para movimientos de tierra.

La colonia japonesa sufrió por la errónea política de Estado de importar excedentes agropecuarios subsidiados, que fue causante de la ruina de campesinos y empresarios del campo a partir de 1957. El gobierno colombiano dio vía libre a la importación de cereales; empezando por trigo, cebada, avena y luego maíz, soya y fríjol y sorgo, lo que causó una baja de precios por la importación masiva de excedentes agropecuarios subsidiados. Como consecuencia, en el Valle del Cauca y en Colombia  cada quien vendía sus cosechas de cereales y leguminosas como podía y lograba sobrevivir, pero era difícil competir con los alimentos subsidiados.  En el valle del Cauca golpeó la agricultura de los campesinos pobres, medios, ricos y los empresarios del campo que mejoraban la base técnica de su producción agrícola y pecuaria, con maquinaria moderna, generaban millares de empleos, usaban las semillas mejoradas, control de plagas y enfermedades, fertilización dirigida, riegos y drenajes.

Así el valle perdió gradualmente la biodiversidad agrícola y se transformó masivamente en tierras para el  cultivo de caña de azúcar, con eficiencia y mucho lobby nacional, para respetar derechos, tambien afectando el medio ambiente, los rios , las quebradas y nacimientos, tema de próxima entrega.

La comunidad colombo japonesa asentada en Cali-Palmira y el resto del Valle y Colombia asciende a más de 2.100 personas, aún no hemos reconocido de verdad el enorme aporte de la colonia japonesa en la transformación del agro colombiano, que ya completó 101 años en el departamento y que  se dedican a otras actividades, olvidando su protagonismo agricola.

Oscar Rivera Luna