Para que en verdad sea pertinente y útil proponer una mejor mirada a la ciudad, esta debe ser a partir de su discernimiento, lo que implica hacerlo desde la razón, la ética y la moral, una mirada que además debe ser holística y estética; y, desde luego se trata de una observación que busca algo en la medida en que implica definir previamente un propósito al respecto, y que entonces sea más informada, completa e integrada.
A continuación, y con la ayuda del Diccionario de la Lengua Española, DLE, se precisan dichas siete condiciones, las que son indispensables unas a otras de diferentes maneras y con distintas intensidades y prioridades; las que por supuesto pueden incluir otras más o estas ser agregadas independientemente.
Pertinencia, un requisito que es ineludible en la medida en que se trata de una mirada a propósito de algo, que corresponde a algo y que conduce a algo, en otras palabras, que tiene un fin, un objetivo, o sea un motivo con que se ejecuta algo; en este caso, el pretender realizar una mirada inteligente a la ciudad en tanto un artefacto que a su vez está compuesto por diversos artefactos, más sus diferentes habitantes y sus múltiples actividades.
Discernimiento al distinguir unas cosas de otras en la ciudad, señalando las diferencias que hay entre ellas, evidentes o no, y por consiguiente evitando que se puedan confundir simplemente; y por lo contrario permitiendo que se puedan ver y estudiar por separado, y entender a continuación cómo se interrelacionan entre ellas formando un todo, por ejemplo, la ciudad formada entre el urbanismo, el paisajismo y la arquitectura.
Razón, en tanto el reflexionar sobre las ciudades, ordenando y relacionando ideas, conocimientos, informaciones y experiencias, para llegar finalmente a una conclusión coherente; o sea establecer la conexión, relación y unión de unas cosas con otras; lo que permite entender la ciudad en cada uno de sus diferentes espacios, a lo largo de sus distintas épocas y de acuerdo con las circunstancias presentes en cada una de ellas.
Ética, para que, antes que todo, procurar el bien de todos los habitantes de la ciudad, fundamentando sus valores al respecto, junto con el de sus respectivas actividades, o sea el conjunto de operaciones y tareas propias de una persona dentro de una comunidad; y al mismo tiempo las de la comunidad, la ciudad, en tanto que una gran agrupación de muchos individuos diferentes, regida por una sola ética: la correspondiente a la ciudadanía.
Moral, o sea lo relativo a las personas desde el punto de vista de obrar bien en función de su vida individual, pero en las ciudades sobre todo con respecto a su comportamiento colectivo en ellas, entendido como el pertinente respeto debido a todos sus otros habitantes, principiando por los vecinos; pero que se trata de manifestaciones de acatamiento que no solo se hacen por cortesía sino también por la conveniencia de cada uno.
Holística, propugnando que la concepción de la ciudad conforme un todo complejo y distinto de la simple suma de las partes que la componen; es decir las diferentes edificaciones y espacios que conforman el artefacto, sus distintos habitantes y sus diversas actividades lúdicas, comerciales, laborales y cívicas; y en cada caso pensando en cada ciudad en su región, país, continente y mundo, en cada espacio, tiempo y circunstancias.
Estética, o sea la belleza de la ciudad física -el artefacto urbano, paisajístico y arquitectónico- la que por lo adecuado y pertinente de sus formas complace todos los sentidos de todos los que la ocupan y recorren diaria, periódica o eventualmente; entendiéndola, admirándola y gozándola; es decir, sentir a fondo el placer y la alegría que brindan en toda ciudad, con diferente intensidad, sus partes seguras, bellas, confortables, útiles y agradable.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.