En un año y 4 meses, Cali elegirá un nuevo alcalde, en un contexto marcado por el desgaste político de la administración de Alejandro Eder. A estas alturas del mandato, el principal desafío del alcalde es demostrar resultados concretos con indicadores creíbles y verificables que respalden su gestión. Sin embargo, la percepción ciudadana continúa siendo desfavorable y, durante este año, las encuestas han mostrado una tendencia negativa, con niveles de aprobación de 19,2 % y 18,8 %. Estas cifras reflejan una creciente distancia entre la administración y buena parte de la opinión pública, que espera avances más visibles en los principales problemas de la ciudad.

Sin respaldo ciudadano  y mal de equipo

Las críticas no solo recaen sobre el alcalde, sino también sobre su equipo de gobierno, considerado por distintos sectores como poco efectivo para responder a las necesidades de Cali. Se argumenta que los primeros seis meses se destinaron al aprendizaje de la administración y que, después de más de dos años de gestión, aún no se observan transformaciones con el impacto esperado. Entre los grupos más inconformes aparecen los taxistas y motociclistas, donde el rechazo supera el 90 %. Asimismo, en los estratos 1, 2, 3 y 4, que representan aproximadamente el 91 % de la población, más del 85 % de los ciudadanos califica negativamente la gestión, según los datos citados. Lo de mostrar es la trransformacion cultural y urbanística del barrio Obrero, pero no lo es una maratón que es despilfarro y lo de la biodiversidad en inversión y sede fue nacional ( Petro )

Cambio de gabinete: Ultima oportunidad

El anunciado relevo de gabinete no puede convertirse en un simple intercambio de cargos. Después de dos años y medio de gobierno, el alcalde Alejandro Eder está obligado a reconocer que hay despachos donde la gestión no dio resultados y donde insistir sería prolongar los errores. Infraestructura debe ser el primer cambio. La ciudad necesita una persona con experiencia en obras públicas, planeación  y ejecución, no alguien que aún genera dudas sobre su conocimiento del sector. Se acercan proyectos tan complejos como los puentes de Unicentro, el Psiquiátrico y Chipichape, obras que marcarán el legado de esta administración. Cali no puede enfrentar ese reto con improvisación ni curvas de aprendizaje. La ciudad exige capacidad técnica, liderazgo y decisiones, no más excusas

Cultura, Gobierno, Planeación y Deportes: El relevo ya no admite espera

El cambio de gabinete requiere recuperar credibilidad. La Secretaría de Cultura terminó concentrada en organizar eventos y administrar el calendario oficial, pero no construyó una política para fortalecer una nueva identidad cultural para Cali. Planeación tampoco estuvo a la altura del desafío urbano: faltó autoridad para orientar el crecimiento de la ciudad y visión para construir una verdadera prospectiva. En Gobierno, el experimento de convertir al exsecretario de Desarrollo Institucional en jefe  del gabinete no produjo el liderazgo que exige una ciudad compleja como Cali. Y en Deportes, la percepción dominante es que la gestión terminó subordinada interés de llegar al concejo y se requiere  una agenda que trascienda las aspiraciones electorales, menos PS para administrar líderes de barrios. Alejandro Eder seguirá en su mar de equivocaciones

El mayor elefante blanco de Cali

El Sistema Integrado de Transporte Masivo (MIO), concebido en los CONPES 3166 de 2002 y 3369 de 2005 como el proyecto de movilidad más importante de Cali, debía convertirse en una red moderna de corredores troncales, terminales, estaciones, patios-taller y conexiones estratégicas capaz de movilizar cerca de un millón de pasajeros diarios. Financiado mediante un convenio entre la Nación (70 %) y el Municipio (30 %), recibió inversiones superiores a $3,5 billones. Sin embargo, después de más de veinte años de iniciadas las obras, el sistema continúa incompleto y enfrenta una profunda inviabilidad técnica, económica y financiera. Varias infraestructuras esenciales acumulan retrasos de entre diez y dieciocho años, mientras su culminación demandaría inversiones superiores al billón de pesos, convirtiendo al MIO en uno de los mayores elefantes blancos de Cali.

Infraestructura inconclusa y una crisis sin solución

La inviabilidad del MIO tiene como principal causa la infraestructura que nunca se terminó. Obras como la Glorieta Estación, la Terminal Sur, el Patio-Taller Valle del Lili, la conexión Avenida de las Américas-Corredor Férreo y la Estación Central permanecen inconclusas, afectando la capacidad operativa, incrementando los costos y reduciendo la eficiencia del sistema. Esta situación favoreció el crecimiento del transporte informal, los vehículos piratas y el acelerado aumento del uso de motocicletas en Cali. Desde 2014, 4 alcaldes han impulsado distintos planes de salvamento, subsidios, reestructuraciones y apoyos financieros a los operadores, sin resolver las causas estructurales del problema: infraestructura incompleta, deficiente planeación y un modelo financiero desequilibrado que continúa trasladando los costos a los ciudadanos.

Nuevos buses y sin resolver los problemas de Metrocali

La administración del alcalde Alejandro Eder propone adquirir 340 buses públicos, entre ellos 274 diésel Euro VI y 66 eléctricos, con una inversión cercana a $280.000 millones para reemplazar parte de la flota existente. Sin embargo, esta estrategia ha sido cuestionada porque no garantiza los recursos para su reposición dentro de seis años y no resuelve los problemas estructurales del sistema, que es su cierre técnico y financiero. El modelo original establecía que la compra y operación de los buses correspondía a los concesionarios privados, mientras Metrocali debía ejercer la planeación, regulación y control. Sin viabilidad económica y financiera , la compra de nuevos vehículos no resolverá el cáncer terminal de Metrocali.

Control constitucional sin precedentes

Un hecho institucional sin antecedente claro en Santiago de Cali: someter simultáneamente al alcalde distrital y a dos concejales ( Roberto Ortiz y Maria del Carmen Londoño ) que actúan como posibles aspirantes a sucederlo, dentro de un escenario donde el Concejo ha tendido a aprobar de forma consistente las iniciativas estructurales del Ejecutivo. Esta situación permite observar una posible concentración de poder decisional, en la que el control político pierde capacidad real de verificación y se transforma en validación de decisiones ya definidas por el gobierno distrital. El punto central no es solo la información solicitada, sino la calidad del control ejercido sobre decisiones de endeudamiento, planeación y ejecución presupuestal de alto impacto, especialmente el empréstito de gran magnitud, cuya trazabilidad fiscal exige rigor constitucional reforzado.

Tensión entre deliberación y alineación institucional

La condición de los dos concejales como eventuales precandidatos a la alcaldía introduce una tensión objetiva en el sistema de control político, porque quienes deben ejercer vigilancia sobre el Ejecutivo aparecen políticamente vinculados a la continuidad del mismo proyecto de gobierno. En la práctica reciente del Concejo de Cali, coincide con una alta tasa de aprobación de iniciativas del alcalde, lo que plantea interrogantes sobre la intensidad real del debate y la profundidad del escrutinio institucional. El problema no es meramente político sino constitucional: el control pierde eficacia cuando se diluye la distancia crítica entre vigilante y decisión gubernamental. Por ello, la exigencia de información busca reconstruir trazabilidad, verificar coherencia entre lo aprobado y lo ejecutado, y determinar si el control ejercido ha sido material o solo formal.  Se hace oposición por las ramas , pero aprueban los proyectos de presupuesto, donde pasa el gobierno a adjudicar obras.

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