No obstante, el carácter loable de la propuesta del “diálogo nacional” del candidato presidencial Iván Cepeda, consideramos que la misma sería casi que imposible de lograr en las actuales circunstancias, dadas las condiciones de pugnacidad y de violencia existentes entre los extremos que caracterizan la vida política actual del país.
En cualquier caso, dialogar significa no solo intercambiar ideas y propuestas, sino tratar de construir acuerdos con el fin de resolver las dificultades que se generan con las confrontaciones y disensos que se presentan, particularmente entre los partidos y movimientos políticos que representan los candidatos Cepeda y De La Espriella y que de alguna manera hacen parte de la polarización política en que se debate el país, estimulada por las fuerzas políticas y sociales que compiten en la lucha por el acceso al poder del Estado.
Dicha confrontación tiende a agravarse después de que se defina con el voto ciudadano al nuevo presidente de Colombia, el cual tendrá por lo demás, una fuerte oposición política que dificultará aún mas el ejercicio del poder y la gobernanza del país acorde con los postulados de la Constitución y de las leyes de la república. Todo ello enmarcado en la concepción de la democracia liberal que caracteriza al régimen capitalista de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho que rige en el país con la Constitución de 1991
Entretanto, al nuevo gobierno le corresponderá tomar todas aquellas medidas relacionadas con lo concerniente al déficit fiscal y presupuestal, la reducción del gasto público y de la abultada deuda pública interna y externa, como de todos aquellos asuntos de interés general atinentes al acceso a la salud, educación y al combate frontal contra la corrupción, conjuntamente con la lucha contra la inseguridad en el país.
Por otra parte, el nuevo gobierno tendrá el encargo ineludible de lograr aclimatar la paz, utilizando los medios proporcionados por la Constitución y las leyes, precedidos de una política integral y funcional y no producto de un simple acuerdo parcial y transitorio, como ha sucedido en el inmediato pasado.
Ahora bien, será necesario discutir con las organizaciones políticas y sociales que lideran las fuerzas progresistas del país sobre el presente y futuro de la nación, al tiempo que el acontecer histórico es cambiante y tiende en nuestro caso a desatar contradicciones y conflictos que son necesarios resolver a partir de la implementación de verdaderas políticas de Estado fundamentadas en los intereses y necesidades de la población y no simplemente de la voluntad y deseos del gobernante de turno para beneficiar a determinados sectores económicos, políticos y sociales, frente a los cuales se impone la necesidad de que los colombianos que sufren el impacto de la pobreza y de la desigualdad social se resuelvan desarrollar las acciones políticas y sociales contra los gobiernos de derecha o de la izquierda radical de estirpe populista y dictatorial, ya que de lo que se trata es de construir una sociedad más justa, equitativa, libre de los extremismos y mesianismos que poco o nada han contribuido con el cambio y la transformación de la sociedad colombiana.
Así las cosas, la posibilidad de realizar un gran diálogo nacional quedará aplazado por tiempo indefinido mientras subsistan aquellas contradicciones antagónicas imposibles de resolver mediante el diálogo y el propósito de superar la violencia política en todas sus formas y manifestaciones, hasta tanto las fuerzas de la paz, el progreso social y el bienestar general, consigan unirse y organizarse alrededor de construir una verdadera paz, estable y duradera para los colombianos en general.
ADENDA: 95 AÑOS de EMCALI. La creación de EMCALI como una necesidad impostergable hace 95 años, para surtir a la ciudad y a sus habitantes de lo que en la actualidad constituye la prestación de servicios básicos fundamentales como son el agua, la energía y las telecomunicaciones, hace parte de todo un proceso jalonado por la expansión urbanística y la lucha social de un sinnúmero de habitantes de los barrios de invasión, que en la actualidad carecen algunos de ellos, de los servicios de agua potable, en tanto que en algunos otros sectores de la ciudad, la prestación del servicio de agua potable demanda de la construcción de un nuevo acueducto local. Lamentablemente esta realidad no está dentro de las posibilidades de la empresa de garantizar dicho servicio en vista de la crisis por la que atraviesa desde hace más de más de 25 años y no obstante los esfuerzos de sus administradores por superarla. Todo ello, debido a las políticas erráticas implementadas sin atender los reclamos de los ciudadanos
Actualmente, la empresa es “rehén” de la bolsa de energía a la que debe acudir para comprar y suplir la necesidad energética en la ciudad, lo cual incide negativamente en el valor de las tarifas que se cobran a los usuarios de este servicio. Además, EMCALI está regazada 30 años en materia de reposición de redes de acueducto y alcantarillado en tanto, la unidad de negocios de telecomunicaciones continúa generando pérdidas que para el 2025 ascendieron a más de 80 mil millones con un acumulado de a.1.1 billones, valor que se cubre con las utilidades de la empresa en sus unidades de energía y acueducto. Y de ahí, el compromiso de los caleños, los trabajadores y directivos de la empresa de generar los cambios estructurales y funcionales que hoy se requieren para sacar a EMCALI de una crisis recurrente que demanda de una visión nueva del desarrollo empresarial de carácter regional y con una visión de futuro para el servicio y bienestar de los caleños y de todo el sur-occidente del país.