En las ciudades, la ecoeficiencia debe buscar que se construyan sus edificaciones, espacios urbanos públicos y privados y los servicios públicos utilizando menos recursos (agua, energía, materias primas) generando menos residuos y contaminación y reducir lo más posible el impacto ambiental negativo. La naturaleza es el conjunto de seres vivos (plantas, animales, microorganismos) y fenómenos físicos (rocas, agua, clima) del mundo, y actúa como un sistema interconectado y en equilibrio que sostiene la vida, proporcionando oxígeno y alimentos.
La planeación de ciudades ecoeficientes busca el uso eficaz de los recursos (agua, energía, materiales), minimizando el impacto ambiental, los residuos, desperdicios y basuras. Integra tecnologías limpias, muchos espacios verdes, movilidad sostenible, y eliminar residuos y regenerar la naturaleza, manteniendo materiales y productos en uso el mayor tiempo posible, mejorando la calidad de vida y reduciendo costos. Su enfoque combina diagnóstico territorial y gestión activa para anticipar amenazas naturales, en especial el cambio climático en curso.
El urbanismo ecoeficiente busca mejorar la calidad de vida y el desarrollo económico en las ciudades, afectando lo menos posible su medio ambiente. Utilizando menos recursos naturales para su construcción, y reduciendo el impacto ambiental en su funcionamiento, no desperdiciando agua potable, consumir menos energía de origen fósil, el reciclaje de residuos, desperdicios y basuras, y mejorar la infraestructura urbana, priorizar la conectividad, la mezcla de usos del suelo, reducir tiempos de traslado, y fomentar el encuentro social.
La ecoeficiencia en el paisajismo integra su diseño estético con su sostenibilidad funcional, optimizando recursos como el agua, suelo y energía, para crear espacios que tengan la capacidad de adaptarse pronto y positivamente a situaciones adversas, y buscando reducir los costos de mantenimiento, potenciar la biodiversidad y mitigar el cambio climático. Utiliza preferencialmente especies nativas, el agua de las lluvias almacenada en espejos de agua, utiliza sistemas de riego eficientes, recurre a materiales locales y a coberturas vegetales.
El mobiliario urbano (bancas, fuentes, farolas, papeleras, paradas de autobús) integra, para que sea ecoeficiente, sostenibilidad, diseño funcional y materiales reciclados (plásticos, maderas recuperadas) para minimizar su impacto ambiental. Estas estructuras duraderas y antivandalismo, reducen el mantenimiento, extender el ciclo de vida de los productos, priorizando compartir, reparar, renovar y reciclar materiales existentes el mayor tiempo posible; y mejoran la calidad de vida urbana al integrarse armónicamente en el entorno.
Finalmente, el diseño de una arquitectura ecoeficiente está dirigido a minimizar a fondo el impacto ambiental de las edificaciones y de los espacios urbanos públicos (calles, avenidas, plazas, paseos, parques, zonas verdes) durante todo su ciclo de vida, y que este sea lo más largo posible. Desde su construcción, utilización y probable reusó, hasta su demolición final, si es el caso, combinando sostenibilidad ecológica con viabilidad económica, y el uso racional de la energía, agua y materias primas, promoviendo materiales locales.
La ecoeficiencia procura producir más bienes y servicios utilizando menos recursos y generando menos contaminación, lo que resulta clave para mitigar el cambio climático al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y crear entornos más saludables. Implica mejorar la eficiencia energética, fomentar energías renovables, optimizar materiales y reducir residuos, para lograr un desarrollo sostenible a largo plazo, que busca satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.