Los cuatro años del desgobierno de Gustavo Petro le han significado al país el incremento del subdesarrollo y el predominio de los narcotraficantes disfrazados de guerrilleros con la colaboración del presidente Petro al nombrarlos como gestores de una paz que en el tiempo de las negociaciones solo han incrementado su poder en los territorios donde impera y crece el cultivo y procesamiento de la coca. Es evidente que su principal socio es el presidente, quien indudablemente con el manejo del país no olvida su formación en el campo de la subversión.
Una radiografía de lo anterior, que no se puede olvidar, es cuando unos bandidos fueron sacados de la cárcel para que acompañaran al presidente en la tribuna en una de sus erráticas presentaciones al país con cifras y cuadros amañados a su gusto. Ese es un episodio nunca visto en la historia de Colombia y creo que en la humanidad.
De lo prometido nada se ha cumplido y al despilfarrar el presupuesto nacional, solo se ha incrementado la burocracia improductiva y además estorbosa. De las prometidas energías alternativas lo seguro es un próximo racionamiento eléctrico y un retardo que será muy costoso para el país al no adelantar la construcción de nuevas y urgentes hidroeléctricas, algunas ya estudiadas como la de Arrieros del Micay.
Bueno, antes del próximo 7 de agosto asistiremos o veremos por la televisión intergaláctica la inauguración del tren aéreo entre Buenaventura y Barranquilla y del aeropuerto internacional de la Guajira. Será un espectáculo que partirá en dos la historia de Colombia.
Pero amanecerá y veremos dijo el ciego y amaneció y no vio nada. Ojalá no nos ganemos otro presidente del estilo de Petro y por ello nuestro deber es votar y votar bien