La más reciente medición de Guarumo (30 de abril de 2026) evidencia una ruptura profunda entre
la ciudadanía y la administración del alcalde Alejandro Éder. Con apenas un 18,2 % de aprobación
frente a un 70,2 % de desaprobación, Cali registra uno de los peores balances de opinión entre las
principales capitales del país. No se trata solo de una cifra: es la manifestación de una crisis
integral de gobernabilidad.

Esta tendencia negativa no es reciente. En enero de 2026, la misma firma reportaba para el alcalde
Éder un 19,9 % de aprobación y un 66,2 % de desaprobación, lo que confirma un deterioro
sostenido en la percepción ciudadana.

Esta situación refleja tres fracturas. Primero, una crisis de liderazgo, donde la ciudadanía no
percibe dirección clara ni resultados tangibles frente a problemas urgentes como seguridad,
movilidad y empleo. Segundo, una crisis de estructuración, planeación y ejecución, con
dificultades para materializar promesas en acciones visibles y sostenidas. Y tercero, una crisis de
comunicación, marcada por la ausencia de un relato convincente que conecte la gestión con las
expectativas sociales.

A diferencia de ciudades como Barranquilla o Medellín, donde la aprobación supera el 80 %, Cali
enfrenta un escenario de desconfianza estructural. La administración no solo gobierna con bajo
respaldo, sino que lo hace en medio de una percepción de desconfianza e incertidumbre, lo que
limita su capacidad de liderazgo político y gestión efectiva.

Ramiro Varela Marmolejo