En Cali, muchas de las obras públicas de las últimas décadas no se conciben ni planifican bien, o se proyectan o construyen mal, muchas no se concluyen y se abandonan, o después no se les da el mantenimiento adecuado, o ni siquiera se inician; pero, por supuesto, todas han implicado inversiones previas, han provocado la supuesta valorización de los predios adyacentes, y el consiguiente aumento del impuesto predial, generando problemas fiscales cada vez mayores. A continuación, van algunos de los ejemplos más conocidos.
No se planifican bien, como es el caso del largo puente de la Cl. 5 sobre el Río Cali, que se dejó de un solo sentido, hacia el sur, causando largos embotellamientos hacia el norte, cuando con solamente un cuarto carril más hubiera quedado con dos calzadas, cada una de dos carriles, y una en cada sentido. O lo mismo el improvisado “urbanismo táctico” en la Cr. 6 en San Antonio, supuestamente una franja pintada en la calzada para la circulación de peatones y sillas de ruedas, pero pronto invadida por carros estacionados y asientos y mesas de cafeterías.
No se diseñan bien, como lo es el llamado túnel de la Av. Colombia, en él toca mirar sus feas paredes pintarrajeadas y su oscuro techo; pero como no es un túnel, sino un soterramiento, hubiera podido tener iluminación natural a través de grandes y seguidas claraboyas en su cubierta. Prácticamente la totalidad de los puentes peatonales, son incómodos de acceder para personas con problemas de movilidad o llevando objetos; las ciclovías son una improvisación tras otra; y ni hablar de los andenes de la ciudad: toda una vergüenza.
Se construyen mal, como en general lo ha sido la malla vial de Cali, en la que el mal estado de muchas de sus vías, principalmente los huecos por diferentes causas y las reparaciones mal ejecutadas de los mismos, generan accidentes y entorpecen el tránsito; y en las que además su iluminación, semaforización, demarcación, señalización y andenes son muy deficientes. O igualmente el colapso de algunos muros de contención, provocando la evacuación de personas ante el riesgo posible, probable, o ya acontecido, del desplome de sus viviendas.
No se concluyen, como ha sucedido con el Parque Tecnológico San Fernando, ubicado frente al Hospital Universitario del Valle, del cual únicamente se ha terminado una de las tres edificaciones del proyecto inicial. O el Centro Integral de Gestión del Riesgo, Emergencias y Desastres, Cigred, prácticamente abandonada su estructura. O varios parques de la ciudad, como el Parque del Pacifico. Y por supuesto está la recuperación de la malla vial en las distintas comunas de la ciudad, la que no solo tarda en iniciarse, si no que nunca se termina.
O simplemente son obras que nunca se inician, como la casi mitad de las “21 Megaobras” anunciadas en 2010, a pesar de haberse cobrado su impuesto de valorización, e incluso existir procesos de cobro coactivo; entre ellas la doble calzada desde la Portada al Mar hasta el Retén Forestal, Km. 9 de la vía a Buenaventura. Y, lo peor de todo, el “tren de cercanías” propuesto con Protrans en 1980, y desde mediados de la década de 1990, llamado “tren ligero” que, ya en el 2026, parece cada vez más lejano pese a su importancia para la movilidad en la ciudad.
Obras públicas a las que a muchas de ellas no se les da el mantenimiento adecuado, como es el caso de la repavimentación de las calzadas de muchas calles de la ciudad, cuando no se retira la deteriorada capa asfáltica existente, sino que se la cubre con otra, capa elevando el nivel de la calzada, lo que deja hundimientos en las tapas del alcantarillado y, estrechos, a lo largo de los sardineles a cada lado, creando problemas para parar o estacionar vehículos, y para descender o subir a ellos; o al cruzar las esquinas caminando por esas calles.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.