La crisis del país tiende a generalizarse y agudizarse en la medida en que aumentan las contradicciones y conflictos sociales a nivel del poder político e institucional.
Entretanto, los gobiernos de turno resultan cada vez más incapaces para resolver los graves problemas que afectan a varios sectores de la población colombiana en su vida económica, política, social, etc.
Así, por ejemplo, el problema de la inseguridad convertido en un desafío para la sociedad, en la actualidad ha rebasado las posibilidades reales de las autoridades para combatirla, en tanto que la misma se convirtió en un problema estructural que no se puede resolver apelando simplemente al diálogo o a la fuerza. Siendo necesaria la construcción de una nueva política dirigida a superar las viejas formas y procedimientos policivos y judiciales que ya no responden a las nuevas exigencias que caracterizan la inseguridad de nuestro tiempo.
Así por ejemplo, en la lucha contra el narcotráfico, el contrabando de armas y el tráfico de personas, será necesaria la colaboración de los gobiernos del orden nacional e internacional.
A lo anterior se suman los graves problemas derivados de la prestación del servicio de salud el cual entró en una profunda crisis que afecta de manera directa a los ciudadanos a quienes se les niega permanentemente la asistencia en estos asuntos.
A esto, se suman los problemas de carácter político electoral que han generado un enfrentamiento y polarización entre las diferentes clases, partidos y movimientos políticos que se han venido agudizando en la medida en que se acercan las elecciones para escoger al nuevo presidente de Colombia.
A esto se suman los nuevos escándalos e intrigas que han surgido en las alturas del poder generándose una gran crisis institucional que afecta la confianza en las instituciones del Estado.
Los candidatos que aspiran a la presidencia de la república, repiten las propuestas de siempre, adornadas con frases grandilocuentes que buscan producir en la conciencia de los potenciales electores toda clase de ilusiones y esperanzas de cambio que en las condiciones en que hoy viven los colombianos no harán más que garantizar la pobreza y la desigualdad social bajo otras formas y expresiones.
La crisis general que atraviesa al país no constituye un hecho casual ni fortuito más allá de lo cual se impone la necesidad de transformar la sociedad para lograr superar las dificultades que hoy sufren los colombianos y que no podrán resolverse en el tiempo sino con la unidad, organización y desarrollo de las acciones pertinentes bajo la dirección de las fuerzas políticas y sociales, democráticas y progresistas del país, comprometidas con la construcción de un nuevo modelo económico, político y social que trascienda las viejas prácticas políticas de carácter demagógico, reformista y populista, que hoy caracterizan a los gobiernos en general del mundo capitalista globalizado en declive con todas sus instituciones propias de las envejecidas y desuetas concepciones liberales con las que pretenden dirigir, administrar, controlar y vigilar los asuntos del Estado y de la sociedad.