Las elecciones son el mecanismo democrático fundamental mediante el cual los ciudadanos eligen a sus representantes o toman decisiones colectivas a través del voto; y consisten en un proceso organizado y regulado por la ley que permite la transición o ratificación del poder político de manera pacífica. Con relación a las próximas elecciones en Colombia hay tres pasos recomendables a seguir: primero que todo, qué política hay que apoyar; luego, cuáles son los mejores candidato para hacerlo en cada caso; y, para terminar, analizar cuáles de ellos tienen más posibilidades de ganar. Y sólo después proceder a votar; y si no convence ninguno de los candidatos, pues proceder a votar en blanco, pero votar, y no abstenerse irresponsablemente.

Primero, que política apoyar: la izquierda que prioriza la igualdad social, la justicia económica y el progresismo, buscando reducir las jerarquías sociales y la desigualdad mediante la intervención del Estado. El centro que es una postura ideológica moderada que se sitúa entre la izquierda y la derecha, buscando el equilibrio, el pragmatismo y soluciones basadas en el progreso más que en dogmas cerrados. La derecha que agrupa ideologías que defienden el orden social tradicional, la propiedad privada, el libre mercado y la libertad individual, a menudo con una visión conservadora sobre la moral y la religión. La política de centro izquierda y la de centro derecha, comparten cada una diferentes consideraciones y propuestas con el centro.

Segundo, identificar cuáles son los mejores candidatos para apoyar la orientación que, según la opinión de cada ciudadano, debe tomar la política en el país: izquierda, centro o derecha o las dos intermedias; analizar porqué los considera los mejores; y comprobar la información que ya se tiene sobre ellos. Cuáles son sus antecedentes en tanto ciudadanos, su formación profesional y sus experiencias en ella; los cargos, públicos y privados, desempeñados; su participación en la política; y sus propuestas en temas principales como gobierno (seguridad, justicia, servicios) territorio (regiones, áreas metropolitanas y ciudades) habitantes (vivienda, salud, educación) actividades (trabajo, recreación, cultura) y amenazas (narcotráfico, terrorismo, cambio climático, IA).

Tercero, y para finalizar, cuáles son las posibilidades electorales reales en estos momentos de que el candidato escogido en función de sus propuestas, opiniones, trayectoria pública, formación, experticia y experiencia, sea elegido; lo que lleva un crucial asunto a resolver, para poder concluir acertadamente y a tiempo por quién votar. Además de la probabilidad matemática de que el candidato sea elegido, según las encuestas, la que apenas representa la capacidad de que dicho evento ocurra, también hay que considerar, independientemente de su frecuencia o cuán plausible sea, la aptitud, potencia y ocasión, que el candidato preferido sea comprobadamente el que cuente con más probabilidades, como también que él lo asuma seriamente.

Si no convence ningún candidato, y se considera que son los mismos con las mismas, lo correcto es votar en blanco y no abstenerse, cómoda e inútilmente, en lugar de impedir que de nuevo sea una minoría de ciudadanos la que escoja los funcionarios debido a que la mayoría se abstiene de votar. Votar en blanco no es para nada un voto perdido, y por lo contrario es una opción que cobra vigencia ante la elección popular, al sumar a todos los opositores, como si fuesen un partido más que busca agrupar en lugar de que se sigan eligiendo “a los menos malos” y que, por lo demás, la mayoría del voto en blanco obligaría a nuevas elecciones con nuevos candidatos; como ya ocurrió en Bello, Antioquia (2011), Gamarra, Cesar (2023) y Maicao, La Guajira (2023)

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.