La arquitectura, en tanto disciplina, y no solo oficio, trata del arte y la técnica de proyectar diversos tipos de edificaciones y espacios urbanos para los seres humanos, cuyos espacios sean seguros, funcionales, construibles y gratificantes, igual que los volúmenes que generan. Edificaciones y espacios urbanos que afectan no sólo a sus usuarios directos, sino también a los que ven su imagen y, en consecuencia, en una ciudad, su arquitectura afecta a todos sus habitantes, por lo que la información disponible al respecto debería concernir a todos ellos.
El arte es una actividad humana con fines estéticos, comunicativos o simbólicos, que expresa emociones e ideas, reflejando la cultura y la visión del mundo de una sociedad; y lo hace a través de diversos recursos (visuales, sonoros, táctiles). Una actividad que abarca diversas artes (literatura, música, danza y artes visuales) y por supuesto la arquitectura está directamente ligada a la escultura, la pintura, el dibujo y el grabado, artes que se perciben principalmente a través de la vista, pero, a diferencia de estas, también con el oído y el tacto.
Por su parte, la técnica es un conjunto de procedimientos, reglas, habilidades y normas sistemáticas, usadas para lograr un objetivo específico en cualquier campo y, respecto a la arquitectura, en varios temas (edificaciones, muebles, objetos) combinando conocimientos teóricos y prácticos, para poder llevarlos a cabo artesanal o industrialmente. Y la arquitectura, en tanto una práctica integral, abarca las diversas y distintas técnicas que la integran en sí misma, como igualmente muchas otras de las relativas al urbanismo como a la construcción.
Y, finalmente, proyectar es concebir, planear y prefigurar una edificación (conjunto, edificio, casa) o un espacio urbano público (calle, avenida, paseo, plaza, parque) e implica analizar los requisitos exigidos en cada caso y evaluar los recursos disponibles, sintetizando los medios más adecuados para su futura construcción (nueva planta o regeneración) mediante su representación gráfica (boceto, esquema, plano) su memoria escrita (especificaciones, indicaciones) los procedimientos a seguir en la obra, y la solución de los problemas que surjan.
En conclusión, las diversas combinaciones de arte y técnica se dan en la arquitectura de un extremo al otro; en algunos casos debe primar lo artístico y en otros lo técnico, pero siempre estos dos aspectos fundamentales deben estar presentes según sea lo indicado en cada caso, en relación con su función, y su emplazamiento en un entorno dado. Sin arte que emocione, la arquitectura no pasa de ser un elemental diseño funcional; y sin la técnica pertinente requerida para cada caso, se torna un mero espectáculo, y con frecuencia ni siquiera emocionante.
Es lo que diferencia radicalmente la arquitectura de las otras artes visuales, al considerar que maneja su propia técnica (climatología, ergonomía, dimensionamiento, funcionalidad, estándares) y no solo la del procedimiento utilizado para representarla y de comunicar sus instrucciones. Y su diferencia con las otras técnicas similares (diseño industrial, vial, de artefactos) es que la arquitectura involucra su propio arte (espacios, volúmenes, líneas, colores, texturas, luces, sonidos) del cual las técnicas en general carecen de entrada.
En consecuencia, el arquitecto es a la vez un artista y un técnico, por lo que su técnica compromete a los usuarios de sus obras en tanto su funcionalidad y comodidad; y su arte no solo a él, como en todas las artes, sino a todos a los que su obra debe gratificar y emocionar al vivirla o mirarla. El caso es que la arquitectura demanda una actividad híbrida, resultado de combinar dos o más elementos de naturaleza diferente, constituyendo un puente (bello, funcional y seguro) entre el arte y la técnica: justo un buen ejemplo de lo que es la mejor arquitectura.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.