La Palabra de Dios, en este V Domingo del Tiempo Ordinario, nos anima a profundizar en la Jornada mundial contra el hambre y que todos los años nos ofrece Manos Unidas. En esta ocasión el lema de la Jornada adquiere la fuerza de esta invitación: «¡Declara la guerra al hambre!». El lema se inspira en el Papa Francisco, cuando nos animó con valentía y determinación a «usar los recursos disponibles para ayudar a los necesitados, a combatir el hambre y a promover iniciativas que impulsen el desarrollo. Estas son las ‘armas de la paz’», apostilló.
Se denuncia una realidad en la que se encuentran millones de personas. La pobreza, en todas sus formas, sigue acuciando la conciencia de la humanidad. Las urgencias de combatir el hambre y la desigualdad, se vuelve especialmente relevante, en el contexto del Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible, proclamado por Naciones Unidas. Se hace una invitación a la acción solidaria y a la financiación de proyectos contra el hambre en el mundo.
La interpelación que el Evangelio de Mateo nos hace a todos los seguidores de Jesús, en ese domingo, es clara y contundente: «Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra». Dos imágenes bien expresivas y cargadas de profundidad. Ser ‘luz’ y ‘sal’ son dos grandes metáforas bíblicas para animarnos a influir positivamente en el mundo.
Esta doble interpelación evangélica nos ayuda a comprender y a asumir nuestro compromiso con la campaña que en este domingo la Iglesia, a través de Manos Unidas, quiere hacer en favor de los más desfavorecidos de este mundo y cuya dignidad se ve violentamente pisoteada.
– Lectura del libro de Isaías 58, 7-10: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.
– Salmo 111 R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz.
– Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5: cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
Reflexión del Evangelio de hoy
“Esto dice el Señor: Parte tu pan con el hambriento”
La Palabra de Dios es este V Domingo del Tiempo Ordinario nos ofrece un mensaje claro y directo en favor de los más necesitados. Esta clarividencia se muestra con la serenidad que brota de las convicciones más profundas y que la experiencia de la sabiduría judeocristiana logra percibir en la realidad humana y sus circunstancias.
De este modo nos habla el profeta Isaias, cuando nos invita a «partir el pan con el hambriento, a hospedar a los pobres sin techo, a cubrir a quien va desnudo y a no destendernos de los nuestros», porque todo ser humano, independientemente de su condición, forma parte de nosotros, de cada uno. Todo ser humano ‘es de los nuestros’.
Esta visión universal de lo humano nos invita a salir de nuestro confort, de nuestras seguridades. Nos anima, incluso, a vencer nuestra propia egolatría y a romper nuestro propio narcisismo, cuando estamos demasiado concentrados en nosotros mismos y en nuestros propios problemas e intereses. No estamos llamados a vivir aislados; tampoco a buscar protagonismos personales, aquellos que nos lleven a pensar que somos mejores que los demás por el simple hecho de vivir más o menos cómodamente.
“Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo”
San Pablo, en su carta a los Corintios, se presenta débil y temeroso. No demasiado seguro de sí mismo, aunque convencido de lo que anuncia: «a Jesucristo y éste crucificado». El Apóstol adquiere en su vida personal la sabiduría de quién es consciente de que su predicación está en el poder y la fuerza de Dios, más que en sus propios méritos.
Ambos textos, el del profeta y el del Apóstol, nos ayudan a profundizar en el mensaje del evangelista Mateo. Mateo nos invita a ser ‘luz del mundo’ y ‘sal de la tierra’. Dos imágenes bíblicas para expresar cómo la acción de Dios y la respuesta humana son necesarias a la hora de avanzar en una mayor dignidad para todas las personas, especialmente para las más vulnerables y necesitadas. Isaías había constatado con sus propios ojos las carencias materiales de sus contemporáneos y nos hacía una llamada a la solidaridad humana como el mejor recurso para paliar las necesidades de quien las padece. San Pablo, en un proceso de interiorización remarcable, nos hacía la interpelación de no confiar en las propias fuerzas, sino en la dinámica de Dios que tiene la fuerza del Espíritu; una fuerza que actúa en nosotros desde la humildad integradora y no desde el propio protagonismo excluyente.
“Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo”
Esta síntesis espiritual nos ayuda a llevar a cabo en nosotros el mandato evangélico de ‘ser luz’ y de ‘ser sal’; porque, ‘ser luz’ es guiar a otros en la defensa de valores humanos imprescindibles para el desarrollo de los pueblos; es iluminar la inteligencia y la voluntad de las personas para la realización de buenas obras en favor del bien común. Evita la oscuridad estéril, terrible, y su consecuente desconfianza en las posibilidades de lo humano y su sinsentido. ‘Ser sal’ es preservar, proteger y cuidar la bondad de Dios, dando sabor evangélico a la vida para evitar, en la medida de lo posible, todo aquello que la corrompa. Ser sal es ser fermento de los valores del Reino. Evita la descomposición y su consecuente deshumanización.
La luz de los bautizados ha de brillar conforme a las claves que Mateo nos proclama en este Domingo. No es una Palabra vacía de contenido. Tampoco está fuera de la realidad. Su actualidad sigue moviendo la inteligencia y el corazón de muchos, cuando muestran con su compromiso diario ser ‘luz’ y ‘sal’ en este mundo tan necesitado de orientación y consistencia en los valores evangélicos del Reino. Cuando eduquemos, en palabras de María Montessori, para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz.