La salud mental es hoy uno de los temas más relevantes en Cali. Los cambios sociales, económicos y culturales de los últimos años han hecho más visibles situaciones relacionadas con la ansiedad, la depresión, el consumo de sustancias psicoactivas y las violencias que se originan en estos contextos. Ante esta realidad, la ciudad ha impulsado programas orientados a la promoción del bienestar emocional y la prevención del consumo, en un esfuerzo conjunto entre instituciones públicas, organizaciones comunitarias, universidades y familias.

El programa de salud mental en Cali es coordinado por la Secretaría de Salud Pública Municipal, que estructura sus acciones en diferentes componentes. El primero es la promoción del bienestar emocional, que incluye jornadas de sensibilización en barrios, colegios y espacios comunitarios. Allí se trabaja sobre la importancia del autocuidado, el manejo de emociones, la convivencia y la reducción del estigma asociado a los problemas mentales. Parte del trabajo consiste en abrir conversaciones públicas sobre el tema, de manera que las personas que necesitan apoyo puedan buscarlo sin temor ni discriminación.

El segundo componente se centra en la prevención del consumo de sustancias psicoactivas. La ciudad ha desarrollado intervenciones en instituciones educativas con actividades formativas, desarrollo de habilidades socioemocionales y acompañamiento a estudiantes en riesgo. En varios sectores de la ciudad se han organizado talleres artísticos, deportivos y culturales orientados principalmente a jóvenes que viven en entornos con poca oferta recreativa y alta presencia de dinámicas de consumo. Estas actividades buscan generar alternativas cotidianas y fortalecer los vínculos comunitarios.

Un tercer elemento clave es la atención psicosocial en territorio. Cali cuenta con centros de escucha, unidades móviles y líneas de orientación en salud mental. Los centros de escucha funcionan como puntos de apoyo donde las personas pueden recibir orientación inicial y, si es necesario, ser remitidas a servicios especializados. Las unidades móviles recorren barrios priorizados y realizan intervenciones directas en espacios públicos, instituciones comunitarias y viviendas. Las líneas telefónicas brindan acompañamiento emocional y manejo de crisis, además de indicar las rutas de acceso al sistema de salud.

El cuarto componente corresponde a la formación y fortalecimiento de redes comunitarias. La Secretaría de Salud trabaja con Juntas de Acción Comunal, líderes barriales, colectivos juveniles y organizaciones sociales. Estas redes comunitarias participan en la identificación de situaciones de riesgo, el acompañamiento a familias y la construcción de proyectos locales de prevención. Las universidades también han aportado mediante investigaciones que permiten comprender mejor los factores que influyen en el consumo y en la salud mental, así como a través de clínicas psicológicas donde se ofrece atención a bajo costo.

En los últimos dos años, Cali ha desarrollado experiencias significativas dentro de estos procesos. En varios barrios se han consolidado estrategias comunitarias que combinan deporte, arte y formación para jóvenes. Estas iniciativas han demostrado que el acompañamiento constante y la creación de entornos protectores disminuyen la probabilidad de involucrarse en consumos problemáticos. También se han fortalecido programas escolares, donde psicólogos y trabajadores sociales realizan seguimiento a estudiantes con señales de alerta, promueven la convivencia y organizan talleres dirigidos a padres de familia sobre cómo actuar ante posibles riesgos.

Las unidades móviles de salud mental han ampliado su presencia en territorios con mayores necesidades. Esto ha permitido llegar a poblaciones que no acceden fácilmente a los centros de salud por razones económicas o de movilidad. En estos recorridos se realizan orientaciones, visitas domiciliarias y remisiones rápidas cuando se detectan situaciones que requieren atención especializada. Las clínicas psicológicas universitarias han aumentado la atención a jóvenes y adultos que buscan apoyo por ansiedad, depresión, conflictos familiares o consumo.

Las familias también han tenido un papel central. En varios sectores se han realizado talleres sobre comunicación, supervisión responsable y manejo de límites. Estos espacios buscan ofrecer herramientas para que los hogares puedan identificar señales de alerta y sepan cómo solicitar ayuda. El acompañamiento familiar es considerado un factor determinante en la prevención, ya que la vigilancia cercana y el apoyo cotidiano contribuyen a reducir los riesgos.

Para quienes necesitan orientación o atención en Cali existen varias rutas disponibles. La Secretaría de Salud ofrece líneas de orientación en salud mental, donde se brinda acompañamiento emocional y se explican los pasos para acceder a los servicios. Los centros de escucha están distribuidos en varias comunas y funcionan como puntos de atención inicial. Las unidades móviles atienden en territorio según cronogramas publicados por la Alcaldía. Además, todas las EPS están obligadas a ofrecer atención en psicología y psiquiatría, por lo que cualquier persona puede solicitar una cita a través de su entidad. Las universidades, por su parte, cuentan con servicios de psicología a bajo costo.

El fortalecimiento de la salud mental en Cali requiere continuidad, coordinación institucional y participación ciudadana. La prevención del consumo y el acompañamiento emocional no dependen solo de las instituciones, sino también de los entornos cotidianos. Las escuelas, las familias, los barrios y los jóvenes tienen un papel fundamental. La ciudad avanza en la construcción de estrategias que permitan generar bienestar y reducir los riesgos asociados al consumo y al deterioro emocional. El reto es mantener estos esfuerzos y garantizar que las personas encuentren apoyo oportuno cuando más lo necesitan.

 

Ana Lucia Arango M