Faltando 2 años y 7 semanas de gobierno, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, dejó entrever en reunion social en el Club Campestre que su prioridad es más la política, que la ciudad. Lo que debía ser una rendición de cuentas sobre gestión, obras y retos administrativos terminó convertido en un acto de proyección electoral. Los hechos narrados en su intervención lo demuestran, porque giraron en torno a la “continuidad” y a la idea de “poner” a su sucesor, mensaje que repitió con insistencia en 5 ocasiones.

  1. “Es indispensable que haya continuidad en la Alcaldía en la próxima elección.”

Con esta frase, el alcalde quebranta el principio de neutralidad política exigido por la Constitución. El artículo 127 prohíbe expresamente a los servidores públicos participar en actividades partidistas o influir en procesos electorales. Al invocar la necesidad de continuidad, Eder no solo interviene en la contienda futura, sino que utiliza su investidura para orientar políticamente a la ciudadanía y a los sectores empresariales.

  1. “No se dejen instrumentalizar, lo que está en juego en dos años………ojalá una misma línea…..”

Esta advertencia, presentada como consejo ciudadano, es en realidad una invitación a respaldar una sola corriente política a la alcaldia. Al pedir “una misma línea”, Eder desnaturaliza el pluralismo democrático y proyecta una administración cerrada al debate.

  1. “Me preocupa entregarle la ciudad a los bandidos que se la robaron 40 años.”

Más que un diagnóstico, la frase parece un eslogan de campaña. Divide y estigmatiza, en lugar de unir. El alcalde reduce la historia política de la ciudad a una confrontación entre “bandidos” y “salvadores”, cayendo en la misma politiquería que dijo rechazar. Evidencia una visión de revancha política incompatible con el liderazgo institucional que Cali necesita.

  1. “Lo más importante es poner el próximo alcalde o alcaldesa.”                                         Eder asume como jefe político, no como servidor público. Pretende “poner” a su sucesor, como si la ciudad fuera un botín de continuidad y no un espacio democrático. Es la confesión abierta de un propósito proselitista que contradice su deber constitucional de imparcialidad y distorsiona la función administrativa.
  1. Unidos….la pelea que se viene es seria

Aqui el alcalde remató, que tomará partido en su succesor y muy pronto…..no fue elegido por el 80% de los concejales, no la tiene facil….¿ A cuantos cooptará con contratos y PS ?. Pobre distrito de Cali.

Aunque afirmó que trabajará “por la seguridad de los caleños, la transparencia del Distrito y las obras de Invertir para Crecer, por $3,5 billones”, su discurso deja ver que la gestión se subordina al cálculo político. Cali no requiere un alcalde en campaña, sino un gobernante enfocado en resolver los problemas de calidad educativa, seguridad, movilidad, acueducto en sectores en crisis, la parálisis del MIO y las nueve megaobras inconclusas de valorización.

La frase de campaña de Alejandro Eder “no al continuismo” hoy suena vacía. Lo que fue promesa de cambio se ha diluido en un gobierno más de lo mismo, atrapado por la politiquería de los 15.000 PS y sus aspirantes a senado y camara, ausencia de planeación, crecimiento de deuda pública, alianzas tradicionales y empeño en perpetuar línea política y empresarial. El poder local vuelve a girar en el mismo ciclo: nuevos rostros, viejos métodos.

Razon tuvo el presidente del club Campestre , cuando lo vio tan desbrujulado y le dijo ” Paciencia y animo “ , porque el liderazgo se demuestra gobernando, no buscando herederos. Si Alejandro Eder aspira a dejar un legado, debo hacerlo con resultados, punto. Pero cuando un alcalde convierte su administración en elecciones, la democracia se debilita y Cali comprende, el desencanto, de quien parecía la solución,  se transformó en otra forma de perdición.

Ramiro Varela Marmolejo