La robótica forma parte del devenir humano en la casa, la oficina, la clínica y la industria. Se define como “la ciencia y tecnología interdisciplinaria que se enfoca en el diseño, construcción, operación y aplicación de robots, es decir, máquinas programables capaces de realizar tareas de forma automática o semiautomática”.
También se la define como la ciencia dedicada a mejorar la eficiencia, precisión y velocidad en tareas repetitivas o peligrosas, permitiendo la automatización en la industria, la medicina, la exploración espacial y en el hogar.
Las cuatro ramas principales de la robótica, o sus campos de aplicación, son: la industrial, enfocada en la automatización de fábricas; la médica, ya con grandes éxitos no solo en el diagnóstico, sino también en procedimientos quirúrgicos y revolucionaria en el cuidado de los pacientes; la doméstica, que facilita las tareas del hogar y la asistencia personal; y la robótica móvil, con drones y robots capaces de desplazarse en diversos entornos.
Sin darnos cuenta, cada día hay más máquinas o equipos que reemplazan muchas de las tediosas tareas humanas y facilitan las cotidianas. Otras no se pueden considerar como robots, pero son completamente automáticas y, sin darnos cuenta, lentamente fueron desplazando a máquinas que en su momento fueron magníficas e innovadoras, como la máquina de escribir, que como lo hemos comentado antes hoy son piezas de museo.
Igual sucede al comparar la dotación de una cocina de hoy con la de hace solo 60 o 90 años: antes de la energía eléctrica y de las refrigeradoras, con solo el fogón de leña o carbón y el garabato para colgar el racimo de plátanos o bananos. En el campo, para conservar la carne, se salaba y, envuelta en hojas de plátano, se colocaba en bateas de madera. Lo mismo pasó con el teléfono fijo, hoy un adorno en muchas casas.
Esperemos las otras sorpresas que en poco tiempo nos dará la tecnología, sin mencionar la IA, ya en amplio uso y de gran ayuda en muchos campos, no solo para mejorar el conocimiento de los humanos, sino también para superarlo. Y falta el desarrollo de los supercomputadores cuánticos, que prometen esclarecer el origen de muchas enfermedades como el cáncer.
