Colombia, siendo una economía pequeña con un PIB per cápita que aún refleja características tercermundistas, muestra signos alentadores en su mercado laboral durante julio de 2025. La tasa de desempleo nacional se redujo a 8,8%, 1,1 puntos porcentuales menos que en el mismo mes del año anterior, marcando la cifra más baja para un julio desde 2001. Este descenso sugiere una recuperación económica luego de años de contracción, con un aumento neto de 766,000 personas ocupadas y una disminución de 230,000 desempleadas.

Sin embargo, este panorama positivo tiene matices importantes. La informalidad laboral, a nivel nacional alcanzando un 54,8% de la población ocupada informal), sigue siendo alta y representa un desafío estructural para la estabilidad económica y social del país. La informalidad implica trabajos sin protección legal ni seguridad social, lo que afecta la calidad de vida de millones y limita la capacidad del Estado para recaudar ingresos y financiar servicios públicos.

Además, las brechas de género son evidentes en el mercado laboral: mientras la tasa de desempleo para los hombres es del 7,1%, para las mujeres es significativamente mayor, con un 11,1%, reflejando una diferencia de 4 puntos porcentuales. Aunque esta brecha se ha reducido en comparación con el año anterior, persiste y muestra la necesidad de políticas públicas que fomenten la inclusión laboral femenina.

Poblaciones jóvenes enfrentan especial dificultad. A pesar de la disminución del desempleo para este grupo, que se sitúa en 15%, las tasas en ciudades específicas como Quibdó alcanzan niveles preocupantes (33,7%). Esto evidencia disparidades regionales y la urgencia de planes de empleo dirigidos a la juventud para evitar que el desempleo se traduzca en problemas sociales a largo plazo.

Por sectores, la generación de empleo se concentra en alojamiento y servicios de comida y transporte, mientras que sectores como información y comunicaciones han perdido empleos, reflejando posibles transformaciones tecnológico-productivas que deben ser abordadas para evitar la exclusión laboral.

Finalmente, el discurso político refleja las tensiones existentes: el presidente destaca el dinamismo económico y la reducción del desempleo como resultados favorables, pero critica las altas tasas de interés que podrían limitar el crecimiento empresarial y formalización. Por otro lado, el sector privado demanda reglas claras y estabilidad para atraer inversión que impulse la creación de empleo formal y sostenible.

Colombia en 2025 muestra una mejora notable en indicadores laborales post-pandémicos, con tasas de desempleo históricamente bajas para un mes de julio y aumento de la ocupación. Sin embargo, la caída del desempleo se está dando en un contexto donde la informalidad sigue siendo una realidad preocupante, la desigualdad de género laboral persiste y el desempleo juvenil sigue alto en ciertas regiones. Para que el crecimiento económico sea sostenido y beneficie a toda la población, es indispensable mejorar la formalización, reducir las brechas sociales y crear un ambiente de confianza para la inversión privada que genere empleo de calidad.

Redacción