La capital del Valle del Cauca genera cerca de 2.000 toneladas de residuos al día. Aunque aumentan las iniciativas de aprovechamiento y economía circular, la disposición inadecuada, los puntos críticos y el bajo reciclaje siguen siendo desafíos para la ciudad.

Una ciudad que produce miles de toneladas de basura

La gestión de las basuras es uno de los problemas ambientales y urbanos más importantes de Cali en 2026. La ciudad enfrenta una contradicción: mientras produce miles de toneladas de residuos diariamente, una proporción reducida regresa a los procesos productivos mediante el reciclaje. Al mismo tiempo, las autoridades, las organizaciones de recicladores y algunos sectores empresariales avanzan en estrategias para transformar los desechos en recursos económicos y reducir la presión sobre los sitios de disposición final.

Según información de la Alcaldía de Cali publicada en marzo de 2026, la ciudad genera cerca de 1.922 toneladas de residuos sólidos al día. Esto equivale a más de 700.000 toneladas anuales si se mantiene ese promedio. Una proyección de Planeación Municipal estimaba para 2026 una generación de 1.965 toneladas diarias, lo que evidencia la magnitud del reto.

El reciclaje, una tarea todavía pendiente

El primer problema es la baja recuperación de materiales aprovechables. En 2024, Cali registró una tasa de aprovechamiento del 8,8 %, según cifras divulgadas por la Administración distrital. Posteriormente, el informe de Cali Cómo Vamos reportó que en ese año se recuperaron 48.525 toneladas de las 649.006 toneladas de residuos contabilizadas en su medición, equivalentes al 7,48 %.

Las diferencias obedecen a las fuentes y metodologías utilizadas, por lo que no deben confundirse como si fueran una misma medición. En cualquier caso, ambas cifras muestran que la mayor parte de los residuos todavía no se aprovecha.

Puntos críticos: basura en calles, canales y lotes

El segundo problema está en las calles, los canales de aguas lluvias, los separadores viales y los lotes abandonados. La UAESP ha identificado más de 200 puntos de arrojo clandestino en Cali. Estos lugares se convierten en focos de contaminación cuando se depositan bolsas de basura, muebles, colchones, escombros y otros elementos sin control. La acumulación deteriora el espacio público, genera malos olores, favorece la presencia de insectos y roedores y puede obstruir los sistemas de drenaje.

 

El problema de los escombros y la disposición ilegal

A esta situación se suma la disposición inadecuada de residuos de construcción y demolición, conocidos como escombros. Su abandono en zonas no autorizadas dificulta la limpieza y obliga a destinar recursos públicos a la recuperación de espacios que deberían permanecer en condiciones adecuadas.

El problema no se resuelve únicamente con más operativos de recolección: requiere vigilancia, sanciones efectivas y alternativas accesibles para disponer correctamente estos materiales.

Lo bueno: recicladores, empleo y economía circular

Sin embargo, no todo es negativo. Cali cuenta con cuatro operadores de recolección de residuos no aprovechables, además de organizaciones de recicladores que participan en la recuperación de materiales. El trabajo de estos últimos es fundamental porque permite reincorporar papel, cartón, plástico, vidrio y metales a las cadenas productivas, al tiempo que genera ingresos para miles de personas y sus familias.

Otro avance es la cooperación entre la Alcaldía y Swisscontact mediante el proyecto Ciudades Circulares. En marzo de 2026, la Administración informó sobre la consolidación de 82 rutas de recolección selectiva, la sensibilización de más de 274.000 hogares y la incorporación de prácticas adecuadas de separación en 33.746 hogares.

También reportó que, durante 2025, se recuperaron más de 3.500 toneladas adicionales de material reciclable y se trataron más de 100 toneladas de residuos orgánicos mediante iniciativas de compostaje.

Tecnología y educación ambiental: oportunidades para mejorar

La tecnología también ofrece oportunidades. El asistente virtual Bella orienta a los ciudadanos sobre separación de residuos y disposición adecuada. Para julio de 2026, la Alcaldía reportaba un aumento de la tasa de aprovechamiento desde cerca del 3 % hasta aproximadamente el 9 %, con una meta del 10 %. Es un avance que debe consolidarse y medirse con indicadores verificables.

No obstante, las herramientas tecnológicas solo tendrán un impacto duradero si están acompañadas de educación ambiental, información clara y participación ciudadana. Separar los residuos en casa debe convertirse en una práctica habitual, no en una acción ocasional durante las campañas institucionales.

Lo malo: falta de cultura ciudadana y control

El tercer gran desafío es cultural. Todavía se mezclan residuos orgánicos con materiales reciclables, se sacan bolsas fuera de los horarios establecidos y se abandonan objetos voluminosos en espacios públicos. Cuando los residuos llegan mezclados, recuperar materiales resulta más difícil y se pierden oportunidades de generar ingresos, reducir la contaminación y prolongar la vida útil de los sitios de disposición final.

Por eso, la responsabilidad no corresponde exclusivamente a la Alcaldía ni a las empresas de aseo. También involucra a hogares, establecimientos comerciales, industrias, constructores y ciudadanos. La Administración debe garantizar planeación, seguimiento y control; los operadores, cumplir sus obligaciones; y la comunidad, separar los residuos y respetar los horarios y lugares autorizados.

Cali necesita pasar de las campañas a los resultados

Cali tiene avances en reciclaje, inclusión de recicladores e innovación, pero todavía está lejos de resolver el problema de las basuras. El balance de 2026 exige pasar de las campañas institucionales a resultados sostenidos: menos puntos clandestinos, mayor recuperación de materiales, mejor manejo de escombros y calles limpias de manera permanente.

La basura no es solamente un asunto de aseo; refleja la capacidad de una ciudad para organizar sus servicios, proteger el ambiente y construir una cultura de responsabilidad colectiva. El reto consiste en que las cifras positivas de reciclaje se traduzcan en una transformación visible de los barrios, las vías y los espacios públicos de Cali.

Redacción