El urbanismo sismorresistente es aquel aspecto de la planificación urbana orientado a que toda la infraestructura urbana, vial y de servicios públicos, siga funcionando, y de manera segura, tras un evento sísmico. Y, por otro lado, estableciendo pautas para mitigar los efectos de un sismo en las edificaciones de acuerdo con el suelo en que estas se encuentren o se vayan a construir o a intervenir, lo que implica su reforzamiento sismorresistente y normas arquitectónicas y constructivas particulares según su uso.

         El objetivo principal de esta nueva normativa debe ser el de salvaguardar vidas humanas evitando el colapso total o parcial de las edificaciones, o comprometer su seguridad, como también de procurar que no sufran daños graves que las hagan inhabitables. O sea, de lugares dañados o peligrosos que no reúnen las condiciones necesarias para ser ocupados de manera habitual, prioritariamente los de servicios públicos de urgencia, como hospitales y clínicas, o de ocupación masiva, como teatros, auditorios, o recintos deportivos.

Para principiar, es preciso contar con un mapa de microzonificación sísmica actualizado, que clasifique los tipos de suelos de la ciudad según cómo amplifican o mitigan las ondas de un sismo, indicando en donde se puede construir o no, y como se debe hacer según cada caso en particular. Para lo cual, debido a la propiedad privada del suelo urbano construible, es preciso una mucho mayor y eficiente intervención institucional sobre lo que se propone construir en cada sector de la ciudad, o urbanizar en sus alrededores inmediatos o no.

Con respecto a la infraestructura urbana vial, en tanto andenes, vías, puentes, viaductos, carrileras y pasos subterráneos, en caso de ser afectada por un sismo, dicho urbanismo debe pensarse de tal manera que se puedan procurar alternativas de uso fácil de otras vías; y lo mismo con respecto a los servicios públicos de agua, energía, alcantarillado, gas y comunicaciones. Se trata de la capacidad de respuesta y reconstrucción rápida tras el evento sísmico para lograr que la ciudad regrese lo más pronto posible a su normalidad.

Establecer, como parte de dicho urbanismo sismorresistente, un conjunto de requisitos, técnicos y legales que establezcan nuevos  parámetros para reforzar las edificaciones existentes, en función del suelo en que se encuentren, comenzando por su estructura portante, pero también sus cubiertas, fachadas, cerramientos y divisiones interiores, configurando una normativa obligatoria para diseñar y construir nuevas edificaciones, como igualmente para intervenir las existentes o para cambiar su uso original para que no sea inconveniente.

Y, por supuesto, se requiere un mucho mayor control sobre lo que se construye o reforma en toda la ciudad y sus suburbios: su comprobación, inspección, fiscalización e intervención por parte de las autoridades. Para el cual es fundamental la colaboración de la ciudadanía para reportar, a la oficina respectiva de la Administración Municipal, obras o edificaciones que se estén realizando sin la debida licencia (la que debe estar a la vista mediante un cartel) o incumpliendo visiblemente las normas urbanísticas vigentes.

Se trata de un urbanismo sismorresistente, no dirigido únicamente al artefacto sino, simultáneamente, a  sus habitantes y sus diversas actividades, considerando que juntos deben constituir una ciudad resiliente ante los sismos y demás amenazas naturales como inundaciones y vendavales, junto con las transformaciones drásticas que ponen en riesgo su habitabilidad, sostenibilidad y cohesión social. Un nuevo urbanismo indispensable para aplicar una arquitectura sismorresistente, y en ultimas para lograr una planificación sostenible.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.