Para cualquier familia colombiana, la economía no se reduce a números abstractos ni a gráficos complicados; se vive cada día en el supermercado, al pagar el arriendo o al intentar pedir un préstamo. En los últimos años hemos visto cómo el costo de vida subió sin tregua. Aunque entre 2023 y mediados de 2025 sentimos un pequeño alivio cuando la inflación bajó del 13,4% al 4,8%, la tranquilidad duró poco: los precios volvieron a coger impulso y hoy la plata vuelve a rendir menos.

El Banco de la República intenta frenar este golpe subiendo las tasas de interés, pero la realidad es clara: la inflación no baja sola. Mientras el país siga gastando por encima de lo que produce y las cuentas del Estado continúen en números rojos, la vida seguirá estando cara.

Gastar más de lo que tenemos: la trampa de la demanda sin freno

¿Por qué volvió a subir todo? La respuesta está en la calle: estamos comprando e invirtiendo a un ritmo más rápido del que nuestras empresas y campos pueden producir. Este impulso en las compras viene de dos frentes muy marcados:

  • El gasto del Gobierno: El Estado ha incrementado sus gastos generando un déficit fiscal elevado que presiona los precios.
  • Aumentos salariales que se trasladan al consumo: Aunque subir el salario mínimo busca aliviar el bolsillo, cuando sube de forma muy fuerte —como ocurrió en 2026— también genera un efecto dominó que encarece los productos y servicios.

Cuando la gente y el Estado quieren comprar más de lo que el país produce, la solución inmediata ha sido traer cosas del exterior. Durante el primer semestre, las importaciones crecieron cerca de un 14% en dólares, dejando un hueco en el comercio exterior de más de 8.200 millones de dólares. En términos sencillos: consumimos tanto que tenemos que pedir prestado afueras para cubrir la diferencia.

La trampa de los intereses altos: ¿por qué no nos bajan las tasas?

Muchos se preguntan por qué el Banco de la República mantiene las tasas de interés tan altas (llegando al 12,25% en septiembre de 2026). La razón es que las autoridades le tienen miedo al “desanclaje de las expectativas”: cuando la gente y los comerciantes asumen que todo seguirá subiendo, fijan precios más altos por si acaso, perpetuando el problema.

Colombia lleva seis años consecutivos sin lograr su meta de mantener la inflación en el 3%. Las proyecciones muestran que solo hasta mediados de 2028 se podría llegar a esa cifra ideal.

Indicador clave Situación actual
Tasa de interés del Banco de la República 12,25%
Inflación acumulada (Agosto 2026) 6,2%
Expectativa de inflación para fin de año 6,8%
Meta de inflación deseada (3%) Se alcanzaría hasta 2028

El problema es que mantener los intereses altos tiene un costo social enorme. Las tarjetas de crédito, los créditos de vivienda y los préstamos para los negocios se vuelven impagables. Mucha gente termina colgada con las deudas y las entidades financieras ven cómo aumenta la morosidad en los hogares.

El drama del dólar barato: el lado amargo para los trabajadores y campesinos

Hay una paradoja que confunde a muchos: si el Gobierno tiene un déficit alto, el peso colombiano debería perder valor; sin embargo, el peso se ha venido apreciando y el dólar se ha puesto barato. Esto ocurre porque el país sigue teniendo crédito en el exterior y entran muchos dólares por préstamos y venta de deuda pública, más narcotráfico y minería ilegal.

Aunque a primera vista un dólar barato parece bueno porque ayuda a que algunos productos importados no salgan tan caros, para el trabajo local es una mala noticia:

  • Perdida de competitividad: Exportar se vuelve un negocio muy difícil.
  • El ejemplo de los floricultores: Cultivos como las flores pagan salarios y costos en pesos que han subido bastante, pero reciben sus ventas en dólares baratos. Al hacer el cambio, las cuentas no dan, poniendo en riesgo miles de empleos rurales, en su mayoría de mujeres cabeza de familia.

¿Qué se necesita para que las cosas realmente mejoren?

El mensaje que deja la coyuntura actual es contundente: la economía no se arregla únicamente subiendo o bajando la tasa de interés desde un escritorio. La política monetaria ya hizo su parte sosteniendo el freno, pero ahora le toca al Gobierno hacer la suya recortando el exceso de gasto y reduciendo su necesidad de endeudamiento.

Solo cuando el Estado ordene sus cuentas y la demanda interna se nivele con la producción real del país, la inflación cederá de manera definitiva. Únicamente en ese escenario las tasas de interés podrán bajar de forma segura, devolviéndole el aire al bolsillo de las familias colombianas.

Ana Lucia Arango M