Cerros, flujos y suelo residual, y piedemonte definieron diferencias en la respuesta del terreno
La Microzonificación Sísmica de Santiago de Cali, elaborada por INGEOMINAS y el DAGMA, estudió las condiciones del subsuelo para establecer cómo podía responder el territorio ante un terremoto. El estudio analizó la geología, la geotecnia, la sismicidad y la respuesta dinámica de los suelos. Su propósito era establecer parámetros que pudieran utilizarse en el diseño y construcción de edificaciones. El trabajo técnico corresponde al proyecto desarrollado entre 2002 y 2005 y fue adoptado por la ciudad mediante el Decreto 0158 del 18 de marzo de 2014.
La ciudad quedó dividida en seis grandes unidades de respuesta sísmica. Las tres primeras fueron Cerros, Flujos y suelo residual, y Piedemonte. Estas zonas corresponden principalmente al occidente de Cali y muestran cómo, incluso dentro de un mismo sector urbano, las características del terreno podían modificar la forma en que se transmitían las ondas producidas por un terremoto.
- Cerros: roca, pendientes y condiciones de ladera
La primera microzona correspondió a los Cerros, ubicados principalmente en el occidente de Cali. El estudio identificó en esta unidad materiales rocosos de origen volcánico y sedimentario, junto con materiales intermedios. La descripción geotécnica señaló que las rocas podían encontrarse fracturadas y que las condiciones del terreno variaban según la pendiente, la presencia de agua y las características de las formaciones geológicas.
La condición sísmica de los cerros no podía analizarse solamente desde el comportamiento de la roca. La topografía constituía otro elemento. Las pendientes, las condiciones de humedad y la estabilidad de los materiales debían considerarse en la evaluación del terreno.
El estudio de microzonificación buscó precisamente establecer diferencias entre el comportamiento de la roca y el de los depósitos que se encuentran hacia las partes bajas de la ciudad. Una de sus conclusiones generales fue que no era suficiente utilizar un único parámetro para todo Cali. La respuesta del suelo dependía de las condiciones locales.
Esta consideración tenía efectos sobre la construcción. El estudio estableció parámetros de diseño para cada microzona y la posterior reglamentación municipal dispuso que las construcciones nuevas y las modificaciones estructurales debían tener en cuenta la zona sísmica correspondiente al predio.
Los cerros también tenían una relación directa con la planificación urbana. La presencia de pendientes y materiales diferentes exigía estudiar cada sitio antes de construir. En consecuencia, la microzonificación no establecía que todo el occidente de Cali tuviera la misma respuesta ante un terremoto.
- Flujos y suelo residual: Terrón Colorado, Alto Nápoles y Cañas Gordas
La segunda microzona fue denominada Flujos y suelo residual. Comprendió sectores como Terrón Colorado, Alto Nápoles y Cañas Gordas, además de otros terrenos formados por suelos residuales. Se localiza en el occidente de la ciudad y presenta una composición diferente de la roca predominante en la primera microzona.
La documentación técnica del estudio identifica, entre otros materiales, depósitos fluvio-torrenciales. En el caso de Terrón Colorado, se describen materiales depositados en ambientes fluvio-torrenciales, con componentes de origen volcánico y fragmentos de rocas incorporados en una matriz areno-limosa.
Esto tiene importancia para el comportamiento sísmico porque el movimiento de las ondas no depende solamente de la magnitud del terremoto. La composición, densidad, espesor y propiedades mecánicas del material que atraviesan las ondas modifican la respuesta en superficie.
Por eso la microzonificación estudió los depósitos de esta zona de manera separada. El objetivo era determinar sus características y establecer parámetros que pudieran ser utilizados para el diseño de estructuras.
La segunda microzona también muestra que el riesgo sísmico de Cali no podía explicarse solamente mediante la ubicación de las fallas geológicas. Había que incorporar las condiciones del subsuelo. Dos sectores próximos podían recibir el mismo terremoto y presentar movimientos diferentes debido a las propiedades de sus terrenos.
La información recopilada en 2005 pasó posteriormente a formar parte de los instrumentos de planificación de Cali. El municipio mantuvo la microzonificación como referencia para la regulación de las construcciones y para los estudios de riesgo.
- Piedemonte: el contacto entre los cerros y los abanicos
La tercera unidad fue denominada Piedemonte. Esta microzona corresponde a una franja ubicada entre las zonas de roca y los abanicos aluviales. El documento municipal de adopción señala que comprende sectores relacionados con los abanicos de Cañaveralejo, Cali, Bosque y Menga, en una franja que parte del contacto con la zona rocosa y se prolonga hacia los abanicos.
Su ubicación resulta importante porque constituye una zona de transición. Allí cambian las condiciones geológicas entre las laderas y los depósitos que forman los abanicos. Esa transición puede modificar la propagación y amplificación de las ondas sísmicas.
La microzonificación estudió la respuesta sísmica local mediante modelos y análisis de las propiedades del subsuelo. El informe técnico de INGEOMINAS señala que el estudio buscó establecer espectros de respuesta y parámetros de diseño teniendo en cuenta las condiciones sismotectónicas regionales y las características locales del subsuelo.
En el Piedemonte, por tanto, la evaluación no podía reducirse a decir que el terreno estaba cerca de los cerros. Era necesario conocer qué materiales existían debajo de cada sector y cómo podían responder ante diferentes frecuencias del movimiento sísmico.
Tres zonas con una misma amenaza y diferentes respuestas
Las tres primeras microzonas muestran una de las principales conclusiones de la investigación realizada antes de 2026: Cali no tenía un comportamiento sísmico uniforme.
Los Cerros estaban relacionados principalmente con roca, materiales volcánicos y sedimentarios y condiciones de pendiente. Flujos y suelo residual correspondía a depósitos y suelos con otras características geotécnicas, incluidos los sectores de Terrón Colorado, Alto Nápoles y Cañas Gordas. El Piedemonte representaba una zona de transición entre los materiales de las laderas y los abanicos.
La Alcaldía explicó al adoptar la microzonificación que la división buscaba agrupar sectores con características semejantes del suelo para establecer cómo podían ser afectados por movimientos sísmicos.
Un dato permite observar la diferencia entre las microzonas. La documentación oficial de gestión del riesgo de Cali señala que los parámetros de aceleración de la microzonificación iban desde 0,22 g en la zona 1 hasta 0,40 g en la zona 4C, correspondiente al Abanico de Cañaveralejo. Es decir, los parámetros de diseño no eran iguales para toda la ciudad.
Esto no significa que una cifra de aceleración, por sí sola, determine los daños que produciría un terremoto. El resultado depende también del tipo de edificación, su antigüedad, diseño, mantenimiento, calidad constructiva, uso, ubicación y otras condiciones.
Una información que Cali ya tenía antes de 2026
La importancia de estas tres microzonas está en que fueron definidas mucho antes del terremoto de agosto de 2026. El estudio de microzonificación fue elaborado en el marco del convenio entre INGEOMINAS y el DAGMA y posteriormente adoptado mediante el Decreto 0158 de 2014. La Alcaldía mantiene actualmente estos documentos dentro de su componente sísmico y también conserva el mapa de microzonificación.
La microzonificación no podía predecir cuándo ocurriría un terremoto, dónde estaría su epicentro ni qué edificio resultaría afectado. Su función era otra: identificar las condiciones del terreno y establecer parámetros para reducir la incertidumbre en el diseño y en la planificación urbana.
Por eso, al analizar el riesgo sísmico de Cali antes de 2026, las tres primeras microzonas tienen un significado concreto. La ciudad ya disponía de información que diferenciaba roca y laderas, flujos y suelos residuales, y piedemonte. Esa información permitía reconocer que el mismo terremoto podía producir movimientos distintos en diferentes sectores.