Evaluar a María del Carmen Londoño durante el periodo 2024–2026 exige mirar algo más que su confrontación con la Administración de Alejandro Eder. Una concejal representa a toda la ciudad, aunque pertenezca a un partido y tenga una posición política definida. En su caso, el balance muestra trabajo territorial y defensa de comunidades, pero también una oposición cuya agenda parece estar fuertemente determinada por su pertenencia al Pacto Histórico.
Lo bueno: trabaja y escucha a la comunidad ( Lo positivo )
El aspecto positivo más visible es su actividad política y territorial. Londoño ha mantenido contacto con comunidades y ha llevado sus preocupaciones al Concejo. Durante la discusión del Plan de Desarrollo afirmó haber presentado 77 proposiciones sustentadas en diálogos con barrios y corregimientos. También cuestionó que varias de esas propuestas no fueran incorporadas al documento final.
Su participación en debates tampoco puede desconocerse. En abril de 2025 intervino, junto con otros concejales, en el debate sobre la infraestructura vial de Cali y cuestionó aspectos como la denominada Vuelta de Occidente.
En materia de oposición, además, ha defendido públicamente el derecho del Concejo a ejercer control político. En una sesión sobre la situación fiscal de Cali cuestionó la falta de quórum y advirtió sobre las dificultades que, según ella, enfrentaba la oposición para desarrollar sus debates.
Ese trabajo social constituye su principal fortaleza: presencia, organización comunitaria y capacidad para convertir inconformidades ciudadanas en posiciones dentro del cabildo.
Lo malo: la política partidista pesa demasiado
El problema comienza cuando la concejal parece ser identificada antes como representante del Pacto Histórico que como representante del conjunto de Cali.
La oposición al alcalde Eder es legítima y necesaria. Pero el control político pierde profundidad cuando la crítica se concentra principalmente en el gobierno de turno y no mantiene idéntico nivel de exigencia frente a los demás poderes y sectores políticos.
Londoño ha sido una de las voces opositoras más constantes frente a la Administración Distrital.
La pregunta ciudadana es otra: ¿hasta dónde llega la oposición partidista y dónde comienza la representación de toda Cali?
Una concejal de izquierda tiene todo el derecho a defender sus ideas. Pero su obligación constitucional trasciende al partido. Debe controlar al alcalde, pero también examinar críticamente las decisiones del Gobierno Nacional y de los sectores políticos con los cuales comparte proyecto.
Lo feo: ver la paja ajena y no la viga propia ( Muy negativo )
Aquí está la principal crítica política. La ciudad y el Concejo de Cali tiene problemas estructurales que van mucho más allá de los enfrentamientos cotidianos con el alcalde: las finanzas distritales, el MIO, las megaobras pendientes, la deuda pública, la contratación, la planeación urbana, la movilidad, la seguridad y la sostenibilidad de los grandes proyectos.
El propio balance del Concejo durante 2024–2025 ha sido cuestionado por la falta de controles políticos con consecuencias y por la ausencia de acciones institucionales más contundentes frente a problemas estructurales.
Londoño ha estado entre los concejales que han ejercido oposición y, en determinados debates, ha dejado constancias importantes. Por ejemplo, votó negativamente el acuerdo que autorizó el crédito de $3,5 billones, junto con Ana Erazo. Eso debe reconocerse.
Pero precisamente por ello la ciudadanía puede exigirle más: que su oposición no se limite a encontrar errores en Eder, sino que examine también las responsabilidades acumuladas de anteriores administraciones y las decisiones del Gobierno Petro que tengan impacto sobre Cali. La crítica no es que sea de izquierda. La crítica es que Cali necesita concejales de ciudad, no solamente concejales de partido.
El verdadero examen
María del Carmen Londoño trabaja, participa, escucha sectores sociales y ejerce oposición. Ese es su lado positivo. Su límite está en una agenda política que puede confundirse con la defensa de un proyecto partidista. Por ejemplo, en el caso de Emcali la defiende con la óptica del sindicato, no con una mirada por la ciudad
El verdadero control político no consiste en encontrar solamente la paja en el ojo del adversario. Consiste en mirar también la propia viga.
Para Cali, el reto es mayor: que sus 21 concejales, oficialistas u opositores, respondan ante los ciudadanos antes que ante sus partidos. Allí estará el verdadero examen de Londoño en la segunda mitad del periodo 2024–2027.