El principio de autoridad se ha deteriorado paulatinamente en la medida en que se impone el autoritarismo, con el cual actúan los representantes de algunas organizaciones, instituciones y dirigentes políticos y sociales.
El autoritarismo constituye una práctica arbitraria recurrente en cabeza de quienes detentan el poder económico, político y social, siendo utilizado para defender determinados intereses de clase, grupo social e individual.
El ejercicio del autoritarismo conduce al abuso del derecho y en general a la violación del principio de legalidad de obligatorio cumplimiento para todos los funcionarios y ciudadanos, independientemente del nivel en que se encuentren desde el punto de vista económico, político, institucional, cultural y ambiental, etc.
El autoritarismo casi siempre coincide con el culto a la personalidad de determinados dirigentes que concentran y centralizan el poder en sus manos, generando con ello una distorsión de la acción pública y social que en muchos casos se trata de justificar con medidas políticas y jurídicas de corte populista, demagógico y reformista, cuando no es que se utiliza la fuerza del Estado para imponer tales decisiones de carácter arbitrario.
Un ejemplo clásico de violación y deterioro del principio de autoridad por cuenta del autoritarismo, lo constituye la actitud sistemática de los gobiernos al asumir poderes absolutos, por ejemplo, en seguridad nacional, inmigración, comercio exterior, etc., los cuales se toman contando para ello en unos casos con el beneplácito de las mayorías en el Congreso y en la Corte Suprema de Justicia, en lo que podría calificarse como una especie de autoritarismo institucional.
En América latina el deterioro de los principios de autoridad y de legalidad son una práctica del autoritarismo, que cada vez toma más fuerza en la medida en que los gobernantes se alejan de las formas y procedimientos democráticos violándose así, los derechos y libertades de los ciudadanos.
Nuestro país no es ajeno a esta tendencia producto de la concentración y centralización del poder en manos del presidente de la república que desde la Constitución de 1886 y la de 1991 le otorgaron al Presidente facultades como jefe de Estado, Suprema Autoridad administrativa y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, lo que en la práctica estimuló el autoritarismo deteriorando los principios en que se fundamenta la democracia liberal y el Estado Social de Derecho.
En desarrollo de las anteriores facultades, el presidente puede, por ejemplo, dictar decretos-leyes con los cuales adopta medidas de carácter económico, político y social. Además, de imponer sanciones de carácter administrativo, en lo que puede calificarse como una especie de justicia administrativa que se ejerce a través de las super intendencias.
De ahí que en los pasillos del Congreso se escuchen voces en el sentido de que, si dicha corporación no aprueba en lo fundamental las propuestas del gobierno en materia presupuestal para la vigencia fiscal del 2027, el presidente podría expedir por decreto dicho instrumento fundamental.
Así las cosas, al otorgarse al presidente de la república tales facultades, se estaría propiciando la práctica del autoritarismo institucional con el cual, los gobiernos de turno se valen para imponer sus decisiones deteriorándose de esta manera el principio de autoridad y poniendo en tela de juicio la propia legalidad del poder del Estado.
ADENDA: La 81ava conferencia anual de la ONU se desarrolla en medio de incertidumbres, preocupaciones, conflictos bélicos, oleadas de inmigrantes fundamentalmente a Europa, Estados Unidos y a otros países sudamericanos entre ellos Colombia, con las consecuencias socioeconómicas, culturales, raciales, etc., que trae a quienes buscan allende mares y cordilleras, construir un futuro con trabajo, dignidad, salud, educación, vivienda, para ellos y sus familias que no lograron en sus países de origen.
La comunidad internacional, en este caso, los pueblos, la población, la gente, esperaban de la ONU unas respuestas que estuvieran a tono con sus principios fundantes de lograr la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible de las naciones, el progreso social, reducción de la pobreza, acciones para mitigar el cambio climático y otros desafíos globales.
Sin embargo, de las palabras y contenido de los discursos de los líderes mundiales en la inauguración de la Asamblea general y en los dos días posteriores, no se desprenden respuestas para enfrentar los retos del momento para adecuar la ONU a las exigencias de la época en cuanto a democracia y garantía para la efectividad de las acciones que desde el seno de la Asamblea se adopten y que impliquen fortalecer la democracia real, el respeto a las culturas, tradiciones, historia, territorio de cada una de las 193 naciones que tienen asiento en la organización, permitiendo que la voz de los pueblos organizados sea escuchada y atendidos sus justos reclamos que son muy coincidentes en la mayoría de las naciones.
Con el declive del sistema capitalista globalizado, organizaciones como la ONU también entraron en un proceso de declive y deterioro, en tanto, pierden influencia en el trámite y solución de los problemas que afrontan los pueblos y países.
Entre tanto, la voluntad general de la organización es sometida a la voluntad de las grandes potencias, que son las que deciden y adoptan las medidas políticas de acuerdo con sus intereses y necesidades y sin que con ello se resuelvan los conflictos que afectan a la sociedad de nuestro tiempo.
Cabe preguntarse, sí en las actuales condiciones económicas, políticas., sociales, culturales, ambientales, es posible avanzar hacia la paz, la democracia y el progreso social de los pueblos que hoy se encuentran sumidos en la pobreza y la desigualdad social, sí una vez más la humanidad no exige un cambio en las condiciones y en el funcionamiento de la organización en donde impera el autoritarismo institucional en lugar de la participación democrática de los representantes de los pueblos y países que integran la Asamblea General de Naciones
Cómo enfrentará la humanidad el surgimiento de nuevos centros de poder económico, político y tecnológico; la transferencia de poder de los gobiernos a un puñado de corporaciones e individuos y la creciente delegación en las máquinas de nuestra capacidad de decisión; constituyen los grandes retos actuales de la humanidad los cuales sin la participación de los pueblos no será posible lograr la Paz, la Convivencia y cada uno de los fines de la ONU