El deterioro del orden público es evidente, así como el imperio de la narco guerrilla, con plena libertad para el próspero y rentable negocio de la coca, amparada por las supuestas negociaciones de paz, que han mostrado hasta la saciedad, que solo son un encubrimiento para mantener su dominio en muchas regiones del país, con un Estado incumpliendo su deber, que tolera continúen sin obstáculos desarrollando su producción y exportación sin problemas.
A su turno, en muchas regiones, por no decir el país entero, la seguridad, que debe integral y liderada por el Gobierno central, es más que precaria, pese al pedido permanente de gobernadores y alcaldes de que se les dote de suficiente fuerza pública para garantizar el orden y el imperio de la ley y la seguridad de los ciudadanos, con una adecuada fuerza policial y la presencia del ejército para respaldar a las autoridades civiles y la policía. Pero nada de eso ocurre y en cambio el Presidente lanza trinos sin razón y en largas peroratas por la televisión muestra su desconocimiento sobre lo que habla. Para muchos, esas presentaciones les recuerdan a los televidentes a Cantinflas, pero con la diferencia que ese cómico decía verdades y con lógica, cosa que tristemente no hace el Presidente Petro.
El magnicidio de Miguel Uribe Turbay y la respuesta del país, muestran con total claridad que Colombia desea un cambio positivo, verdadero y pronto de su actual desgobierno, porque incoherencias y toda clase de pésimas gestiones es lo que se predica y se realiza desde la Casa, con el nombre de uno de los precursores y líderes de nuestra Independencia, don Antonio Nariño. Un año más del actual desgobierno le costará mucho a nuestra patria y no podemos equivocarnos en elegir su remplazo. Hacerlo mal es más que seguir condenados al subdesarrollo.