Ramiro Varela M – Jorge Iván Vargas A.

El terremoto terminó, pero Cali no se quedó quieta. Cuando todavía temblaban las manos, cuando los habitantes intentaban asimilar el impacto y las calles comenzaban a llenarse de polvo, vidrios y ladrillos, la ciudadanía y sus instituciones reaccionaron con decisión. Muchos caleños salieron a buscar a otros a la par que la administración municipal activaba de inmediato sus protocolos de atención. Y no fueron pocos, solidaridad es inmensa.

La respuesta espontánea de la ciudadanía

No todos tenían cascos de protección ni vestían uniformes de socorro. Algunos llegaron con guantes de trabajo, otros cargando herramientas improvisadas y muchos con las manos vacías, movidos por un impulso imperioso de solidaridad. Frente a las estructuras colapsadas, comenzaron a congregarse vecinos, estudiantes, maestros de obra, médicos y transeúntes. Todos compartían una misma certeza: bajo los escombros todavía podía haber alguien con vida.

El impacto de las 7:34 de la mañana

A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, la rutina de Cali cambió drásticamente. El movimiento telúrico dejó un panorama desolador de edificios colapsados, vías bloqueadas y sectores enteros sin servicios públicos. Mientras la comunidad reaccionaba en las calles, desde el primer instante se activó el Puesto de Mando Unificado (PMU) bajo las directrices de la administración distrital.

El liderazgo institucional del Alcalde Eder y el respaldo de Abelardo

En medio de la confusión inicial, la figura del alcalde Alejandro Eder fue clave para articular la respuesta pública. El mandatario asumió de inmediato el liderazgo en el PMU, coordinando la llegada de los organismos de socorro Cuerpo Oficial de Bomberos, Defensa Civil y Cruz Roja, a los puntos más críticos. Su gestión técnica y oportuna permitió priorizar la atención médica, ordenar la evacuación en zonas de alto riesgo como el sector de Nápoles y gestionar el apoyo del Gobierno Nacional y la fuerza pública para acordonar y proteger los bienes de los afectados. La rápida presencia institucional en el terreno transmitió control y tranquilidad a la ciudadanía en horas de alta incertidumbre.

Llegó el presidente Abelardo de la Espriella, trabajaron seriamente, tomaron decisiones, se acompañaron de la gobernadora, Dilian Francisca Toro, con policía , ejercico, ministros, la ciudad sintió solidez institucional.

El esfuerzo físico y mental muy grande del alcalde, su equipo, a quienes se les reconocer su incansable labor, en momentos, que siguen en la lucha por desaparecidos, escombros, edificios fracturados, heridos, edificaciones publicas, etc.

Cadenas humanas frente al concreto

En aquellos focos de desastre donde la maquinaria pesada no podía ingresar de inmediato, aparecieron las manos humanas. De forma organizada junto a los equipos de rescate, se formaron cadenas humanas para retirar ladrillos y restos de concreto. No había distinción de roles; el único imperativo era retirar el peso que asfixiaba a las víctimas.

La señal de silencio: un gesto vital

Durante las labores, un gesto cobró un significado vital: la señal de silencio. En lugares emblemáticos como la galería La Alameda o el sector de La Guadalupe, cuando los rescatistas o el equipo del PMU levantaban el puño en alto, la multitud acataba la orden al instante: “¡Silencio total!”. Se detenían las herramientas para escuchar cualquier golpe o respiración entre las ruinas.

De la contemplación a la acción directa

Tanto ciudadanos como funcionarios y voluntarios permanecieron en los frentes de trabajo durante jornadas extenuantes. Quienes llevaban horas removiendo escombros solo pedían insumos técnicos: taladros neumáticos, pulidoras y discos de corte. La Alcaldía articuló el suministro de insumos y logística para mantener operativas las labores de rescate ininterrumpidamente.

Una sola comunidad sin diferencias

Las divisiones habituales perdieron relevancia ante la magnitud de la emergencia. Codos a codo colaboraron el maestro de construcción, el profesional de la salud, las autoridades locales y el voluntario anónimo. La suma del esfuerzo ciudadano y la conducción de la administración local demostraron la capacidad de la ciudad para actuar en bloque.

La resistencia frente al agotamiento

Con el transcurso de las horas, el cansancio acumulado hizo mella en los rescatistas y ciudadanos. Pese a las ropas impregnadas de polvo y el agotamiento físico, la búsqueda continuó de noche y de día bajo la directriz institucional de mantener el rastreo mientras existiera la más mínima esperanza.

“Hoy todos somos Cali”

Detrás de las fachadas destruidas residían historias familiares fragmentadas. Las acciones de las autoridades y la comunidad rebasaron el simple auxilio para transformarse en un acto colectivo de protección. Como sintetizó uno de los voluntarios tras una jornada ininterrumpida de trabajo: “Hoy no importan colores, no importa política, hoy no hay equipos, hoy todos somos Cali”.

El legado intangible de la unión

Cuando con el tiempo las edificaciones sean reconstruidas, prevalecerá la memoria de esta respuesta conjunta. Tanto el compromiso ciudadano como la rigurosa gestión del alcalde Eder y las autoridades de rescate demostraron que, ante la adversidad más severa, Cali fue capaz de responder con orden, solidaridad y determinación.

Ramiro Varela Marmolejo