¿Está Cali preparada para resistir los efectos de un fenómeno natural como el terremoto del pasado lunes 10 de agosto?

La respuesta indica que la ciudad no está lo suficientemente preparada y por tanto llegó el momento en que las autoridades con la participación de los ciudadanos y sus organizaciones sociales, culturales y científicas, asuman el estudio y análisis objetivo de los riesgos que conlleva este tipo de eventos naturales, que en este caso destruyeron una parte considerable de inmuebles, edificios públicos y privados y cegaron la vida de decenas de caleños y de heridos que hoy se recuperan en los diferentes centros de la ciudad, por lo demás insuficientes para atender dicha calamidad.

Las zonas más afectadas con el terremoto fueron entre otras el norte y sur de la ciudad y en menor grado, un sector del oriente.

No sobra agregar que en el nuevo proyecto de Plan de Ordenamiento Territorial POT deben quedar establecidas las zonas en donde no se podrán construir grandes complejos habitacionales, comerciales, con los cuales se aumenta el riesgo catastrófico que padecen Cali y otras ciudades afectadas por el sismo.

La reconstrucción de la ciudad se convierte en un imperativo categórico que las autoridades deben atender prioritariamente con los recursos del Estado y la solidaridad del sector privado.

Desde la Veeduría que representamos reconocemos la labor realizada por las autoridades distritales encabezadas por el alcalde Alejando Eder conjuntamente con la solidaridad de los caleños@s en general, los gremios empresariales, comerciantes, las iglesias, etc.

Por considerar de gran importancia el escrito de la doctora Clara Sánchez Perafán. Gerente del Hospital Raúl Orejuela Bueno, HROB,
Palmira, nos permitimos transcribir el texto en su totalidad que escribió desde México, dos días después de la tragedia que azotó a las familias en el país y en particular al Valle del Cauca y a Cali.

“Dos días después del terremoto: QUE RASQUE DONDE PICA.

Por: Clara Sánchez Perafán. Gerente Hospital Raúl Orejuela Bueno, HROB,
Palmira.

Escribo estas palabras desde México, lejos de casa, pero con el corazón puesto allá.
Han sido dos días de mirar el teléfono una y otra vez, de preguntar por la familia, por los amigos, por Cali, por Palmira. Dos días de imágenes, mensajes y llamadas que duelen. Y también de sentir algo difícil de explicar: el temor de estar lejos cuando la tierra se mueve en el lugar al que uno pertenece.
Pronto regreso, y confieso que regreso con miedo.
Con dolor. Con ansiedad. Con esa sensación extraña de saber que la vida puede cambiar en unos segundos y de preguntarme, desde la distancia, qué habría pasado si el golpe hubiera sido más fuerte en Palmira. Qué tan preparados estamos. Qué tan preparadas están nuestras casas, nuestros barrios, nuestras instituciones y nosotros mismos.

El Valle está herido, Cali está herida. Lo que vemos en sus barrios, en sus edificios, en sus calles y, sobre todo, en su gente, nos duele profundamente. Cali no es una ciudad ajena para quienes somos de Palmira. Nos unen familias, trabajos, universidades, hospitales, amistades, historias y caminos recorridos todos los días. Lo que le pasa a Cali inevitablemente nos toca.

Por eso nuestra primera palabra tiene que ser de solidaridad.
Con quienes perdieron a alguien. Con quienes hoy tienen miedo de volver a entrar a sus casas. Con quienes vieron afectado el trabajo de toda una vida. Con quienes siguen buscando respuestas. Con los rescatistas, voluntarios, vecinos y ciudadanos que han salido simplemente a preguntar: ¿en qué puedo ayudar?
Conmueve profundamente esa solidaridad que aparece cuando todo lo demás parece tambalear.

Pero desde Palmira también tenemos que hacernos una pregunta incómoda:
¿Y nosotros estamos preparados?

No para vivir con miedo, sino para vivir con responsabilidad.
Lo ocurrido en Cali tiene que servirnos para mirar nuestra propia ciudad. Revisar nuestras edificaciones, especialmente las más antiguas; conocer mejor nuestros riesgos; saber qué pasa con nuestros barrios, nuestras instituciones educativas, clínicas, edificios públicos y conjuntos residenciales. Revisar nuestros protocolos, nuestras rutas de evacuación, nuestra capacidad de respuesta y, sobre todo, preguntarnos cuánto sabemos realmente los ciudadanos sobre qué hacer cuando la tierra se mueve.

No podemos esperar a que una tragedia nos enseñe lo que pudimos aprender antes.
También necesitamos saber cómo se coordinaría Palmira frente a una emergencia de gran magnitud. Quién informa. Quién responde. Dónde nos encontramos. Cómo se organiza la ayuda. Qué capacidades tenemos y cuáles nos faltan.
Porque la solidaridad es maravillosa, pero sin organización también puede perder fuerza. Que rasque donde pica: que la ayuda llegue a donde verdaderamente se necesita; que no sobren cosas en un lugar mientras faltan en otro; que las instituciones cumplan su tarea y que los ciudadanos sepamos cómo acompañar sin entorpecer.
Hoy el Valle necesita nuestra solidaridad.

Pero mañana Palmira necesita haber aprendido.

Necesitamos una ciudad preparada, consciente de sus riesgos, con instituciones coordinadas y comunidades que sepan cuidarse. Una ciudad que no espere a tener grietas para preguntarse por la seguridad de sus construcciones, por su planeación, por sus protocolos y por la manera como estamos creciendo.

Desde México he sentido impotencia por no poder estar allá. He sentido temor por mi familia, por mis amigos y por mi regreso. He pensado muchas veces en lo frágil que puede ser eso que llamamos normalidad.

Pero también he sentido orgullo al ver tanta gente ayudando.
Quizás de estos días tan dolorosos podamos sacar una enseñanza: prepararnos también es una forma de querernos.
El Valle y Cali necesita hoy nuestras manos, nuestra solidaridad y nuestro respeto por su dolor. Y Palmira necesita abrir los ojos.

Mirarnos por dentro, prepararnos, organizarnos y entender que lo ocurrido a pocos kilómetros no es solamente la tragedia de una ciudad vecina. Es también una advertencia y una oportunidad para preguntarnos qué ciudad queremos ser cuando llegue una emergencia.

Que el Gobierno cumpla su tarea.

Que la solidaridad se organice. Que la ayuda rasque donde pica.
Y que Palmira se prepare antes de que nos toque aprender desde nuestras propias grietas.

Desde lejos, con el corazón allá, abrazo a Colombia, al Valle y a Cali.

Y pienso profundamente en Palmira…. Palmira bacana!”. “Clara Sánchez Perafán”.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social