El debate sobre las facultades solicitadas por el alcalde Alejandro Eder y las autorizaciones tributarias ,  para enfrentar la reconstrucción de Cali terminó dejando al descubierto algo más grave que las fallas provocadas por el terremoto: la ciudad había sido gobernada sin prevención suficiente, sin planeación integral del riesgo, con una administración marcada por la improvisación, ratificando el amarre por “contratos “ de concejales y alcalde.

Como ciudadano e ingeniero civil, asistí al Concejo para defender a Cali, a sus ciudadanos, a las víctimas y sus viviendas. Presenté en 2 dias, 12 proposiciones de carácter científico, técnico y jurídico, porque una tragedia exigía alta ingeniería, planeación, transparencia y control.

Pero los debates también revelaron el contubernio político entre la Alcaldía y el Concejo. En lugar de ejercer un verdadero control constitucional y político sobre el alcalde, la mayoría acepta sus términos, concilian por las “ramas” y terminó negociando las condiciones de la reconstrucción. Hasta la tragedia terminó convertida en materia de acuerdos políticos. Es palpable y se nota….

Una Alcaldía sin prevención

Cali conocía desde hacía décadas su alta vulnerabilidad sísmica. El 30 de junio advertí públicamente sobre la necesidad de prepararse para un eventual terremoto y entregué recomendaciones al gabinete, concejales y medios. El 6 de julio, el concejal Mauricio Zamora pidió igualmente preparar un plan de emergencia.

Nada sustancial se hizo.

Después llegó el terremoto y quedó expuesta la ausencia de una verdadera política preventiva. La emergencia demostró que Cali no estaba preparada institucionalmente para responder con la rapidez, coordinación y capacidad técnica que una ciudad de esta magnitud necesitaba.

La pregunta quedó planteada: ¿quién respondió por esa improvisación?

La improvisación también fue política

La rotación administrativa en Gestión del Riesgo fue particularmente preocupante: durante el gobierno Eder pasaron seis secretarios y 11 subsecretarios. Una dependencia estratégica para una ciudad vulnerable sísmicamente había sufrido una inestabilidad incompatible con la responsabilidad que tenía.

El mismo patrón apareció en otras áreas de la administración: cambios permanentes, contratación creciente y decisiones que privilegiaron respuestas coyunturales sobre soluciones estructurales.

Lo de gestión de riesgo y la politiquería

Tampoco llamo la atención, menos el impedimento del Concejal Arias….

El terremoto no los cambió

Lo más grave fue que el terremoto no cambió la lógica política de la administración ni del Concejo. La tragedia no produjo una ruptura con las viejas prácticas. Por el contrario, el debate sobre la reconstrucción mostró que seguían prevaleciendo los acuerdos políticos sobre el control institucional.

Eder había prometido “hacer las cosas bien”. Sin embargo, quienes debían ejercer el control sobre su administración no asumieron plenamente esa responsabilidad. Si el Concejo no hizo ni iba a hacer el control constitucional y político que correspondía, la pregunta inevitable fue quién debía responder por tanta improvisación.

Reconstruir no significaba entregar un cheque en blanco

La reconstrucción de Cali no podía negociarse políticamente ni convertirse en un nuevo espacio de reparto burocrático. Las seis proposiciones buscaron precisamente establecer controles científicos, técnicos, jurídicos, fiscales y ciudadanos.

La ciudad necesitaba prevención sísmica, planeación del riesgo, protocolos de emergencia, transparencia en las licencias, control sobre las curadurías, información pública y vigilancia estricta del gasto.

El terremoto no solo sacudió las estructuras de Cali: desnudo las estructuras políticas que habían permitido gobernarla con improvisación. Y el debate en el Concejo demostró que, después de la tragedia, tampoco hubo voluntad suficiente para cambiar ese modelo.

Ramiro Varela Marmolejo