Hoy en Colombia, padecemos un presidente altisonante inmiscuido en la política electoral violando las normas que le prohíben actuar con desparpajo y agresivo, a solo pocos minutos de haber terminado la votación del pasado 31 de mayo pone en duda los resultados electorales, cuando la nación colombiana está polarizada políticamente, sin duda es “ jugar con candela” como si los hechos de nuestra historia no nos dijeran que hemos padecido violencia política por siempre, imperdonable comportamiento de un presidente que está obligado a generar paz, tranquilidad y concordia.

Como no se le puede pedir peras al olmo entonces nos toca al resto de colombianos INVOCAR LA PAZ Y VOTAR EN CONTRA DEL PROTEGIDO DEL INDOMITO presidente.

Cuando el jefe del Estado expresa dudas sobre un proceso electoral, sus palabras tienen una repercusión superior a la de cualquier otro ciudadano o dirigente político. Por ello, existe un deber reforzado de responsabilidad institucional.

En una democracia constitucional cualquier ciudadano, incluso el Presidente de la República, tiene derecho a solicitar verificaciones, auditorías o revisiones de los procedimientos electorales cuando considere que existen irregularidades. La diferencia fundamental radica en que tales cuestionamientos deben canalizarse a través de los mecanismos previstos por la ley y no mediante el desconocimiento arbitrario de las autoridades electorales. El Estado de Derecho exige que las controversias se resuelvan mediante instituciones y no mediante la fuerza política o la movilización emocional.

El verdadero peligro para la democracia no surge simplemente de formular dudas o denuncias, sino de promover la desconfianza permanente en las instituciones sin aportar pruebas concluyentes o sin esperar los procedimientos oficiales de verificación. Cuando una sociedad pierde confianza en el sistema electoral, se debilita el fundamento mismo de la democracia representativa.

La mejor manera de enfrentar cualquier incertidumbre consiste en participar masivamente en las urnas, ejercer vigilancia ciudadana, actuar como testigos electorales, respetar los resultados oficiales y exigir transparencia a todas las autoridades involucradas. La defensa de la democracia no corresponde exclusivamente a los jueces o a los organismos electorales; es una responsabilidad compartida por todos los ciudadanos.

Asimismo, resulta fundamental rechazar cualquier llamado a la violencia, a la desobediencia institucional o a la deslegitimación anticipada de los resultados.

  • Las declaraciones presidenciales constituyen un episodio de alta relevancia constitucional porque impactan la confianza pública en el sistema electoral.
  • La mejor defensa de la democracia colombiana en la segunda vuelta es más democracia: más participación, más vigilancia ciudadana, más respeto por la Constitución y más confianza en las instituciones encargadas de garantizar que la voluntad popular sea respetada.
Jorge Enrique González Rojas