Votar ha sido siempre uno de los actos más trascendentales de la vida en sociedad. No se trata únicamente de depositar una papeleta en una urna; es la expresión más visible de nuestra condición de ciudadanos libres y responsables. Cada voto representa una decisión sobre el presente y el futuro de la nación. Por ello, me permito compartir algunas convicciones que asumo como deber ciudadano y que pongo a consideración de quienes generosamente me leen:

  1. Cuando votamos ejercemos nuestros derechos políticos fundamentales y reafirmamos nuestra libertad como ciudadanos.
  2. Participamos activamente en la construcción del orden democrático y del bien común.
  3. Intervenimos en las decisiones colectivas que determinan el rumbo de nuestra comunidad política.
  4. Honramos nuestra responsabilidad cívica y fortalecemos la cultura democrática.
  5. Manifestamos solidaridad social, entendiendo que el voto no debe orientarse únicamente al interés individual, sino al bienestar general.
  6. Defendemos las instituciones republicanas y la estabilidad del sistema democrático.
  7. Contribuimos a la búsqueda permanente del bien común, finalidad superior de toda organización política legítima.
  8. Nos reconocemos como una colectividad capaz de decidir su propio destino y de preservar lo que generaciones anteriores construyeron con esfuerzo.
  9. Ejercemos nuestra libertad política con responsabilidad, conscientes de que cada elección tiene consecuencias para toda la sociedad.

La Constitución Política de Colombia, en su artículo 40, reconoce que todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político, convirtiendo el voto en una de las expresiones más importantes de la democracia participativa.

Por eso, en el actual momento histórico, el deber ciudadano adquiere una relevancia especial. Nos corresponde proteger el orden constitucional, basado en la separación de poderes, la supremacía de la Constitución y el respeto por las reglas democráticas. El desacuerdo político es legítimo; lo que no resulta aceptable es pretender reemplazar las instituciones por la voluntad de una sola persona o de un proyecto político circunstancial.

Las constituciones existen precisamente para limitar el poder y garantizar las libertades de todos. Colombia ha sido concebida como una República gobernada por leyes y no por caudillos. Esa es una conquista histórica que merece ser preservada.

Cada voto consciente envía un mensaje claro: somos una nación que cree en las instituciones, en la democracia y en el Estado de Derecho. Al votar, no solo elegimos gobernantes; reafirmamos nuestro compromiso con la República y con el futuro de Colombia.

Jorge Enrique González Rojas