El 31 de mayo de 2026, el país acudirá a las urnas para la primera vuelta presidencial. De los resultados electorales se determinará si hay ganador en primera vuelta; en caso contrario, se convocará la segunda vuelta prevista para el 21 de junio de 2026.
En esta primera vuelta se perfilan tres candidatos con votación preferente. Dos tendencias ideológicas marcadas. La continuación del actual gobierno, con clara ideología socialista estatizante, y dos candidaturas de ideología opuesta: libertad de mercado, libertades individuales, un reducido tamaño del aparato estatal y garantías para un desarrollo socioeconómico sostenible.
El actual gobierno ha permitido un paulatino crecimiento de cultivos ilícitos, aprovechando los diálogos de paz en los territorios donde se cultivan, principalmente en la zona del Pacífico y Santanderes, fortaleciendo a los actores disfrazados de disidencias guerrilleras, cuando la realidad es que son los brazos armados del narcotráfico globalizado.
Las últimas estadísticas arrojan situaciones preocupantes; el primer productor mundial de cocaína (70%); aproximadamente 300 mil hectáreas cultivadas en hoja de coca; 3 mil toneladas métricas de producción de alcaloide. Todo lo anterior confirma el calificativo de ‘narcoestado’.
Las vastas zonas de Nariño, Chocó, Cauca, Putumayo, Norte de Santander, Antioquia, Bolívar y Valle del Cauca no solo concentran la producción, sino que, se han convertido en zonas vetadas a la presencia de cualquier autoridad, dominadas por el crimen organizado.
Combatir el narcotráfico, erradicar los cultivos, recuperar territorios y la seguridad ciudadana son prioritarios. Paralelamente, deben acompañarse de políticas de Estado que propongan programas de sustitución, formalización de nuevas alternativas alimentarias, empleo rural formal, infraestructura de vías secundarias y terciarias, servicios básicos y cobertura en programas de salud y educación. Mediante el concurso de asociaciones público-privadas, aprovechando obras por impuestos, créditos blandos y asesoría gremial en prácticas agronómicas y administrativas del pequeño cultivador, hoy entregado al cultivo de hoja de coca, se vislumbra una prístina oportunidad de desarrollo equilibrado y de reducción de los niveles de pobreza.
La diversidad de pisos térmicos, riqueza pluvial, plataformas de energías limpias y renovables, cercanía a puertos de embarque, son apenas la punta del iceberg de la oportunidad de convertir estas vastas zonas en despensa alimentaria. Estos territorios podrían cultivarse con infinidad de cultivos; frutas tropicales, hortalizas, flores, café, cacao, palma africana, producción de bovinos, ovinos, porcicultura y avicultura.
Complementariamente a estas iniciativas productivas, las vastas zonas de la planicie de la altillanura se han convertido en productoras agroindustriales de alimentos para animales, lo que no solo contribuye a una abundante oferta nacional, sino también a un despegue de actividades exportables, elemento fundamental para la producción de bovinos, ovinos, porcicultura y avicultura.
Perú es el mejor ejemplo de exportación de productos agrícolas. En 2025, el valor de sus exportaciones alcanzó US$ 15.013 millones, una cifra similar a la de las exportaciones colombianas de hidrocarburos.
¿Por qué no soñar con que el próximo gobierno dirija una verdadera política agropecuaria para impulsar nuestra riqueza? De los 22 millones de hectáreas de potencial agrícola, apenas cultivamos 7 millones. La posibilidad es exponencial. Tan solo se necesita la convicción de convertir el narcoestado que hoy nos identifica en una despensa global de alimentos.
Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.