En esta misma tribuna había escrito hace unos meses sobre la importancia del flujo de remesas para la economía nacional. En marzo de este año, se registró un dato histórico: durante el primer semestre, el país recibió 3.347 millones de dólares en remesas. Esta cifra supera el valor de exportaciones tradicionales como el café y el carbón, y se acerca a las del petróleo, cuyas cifras se vieron incrementadas no por el volumen exportado, sino por el aumento de precio derivado de conflictos en Oriente Medio, alcanzando cotizaciones de hasta 120 dólares por barril.

El ingreso por concepto de Inversión Extranjera Directa (IED) apenas sumó US$ 2.128 millones, equivalente al 64% de las remesas. Lo anterior confirma que el país recibe más divisas del envío de dinero de colombianos residentes en el exterior que de la llegada de capital productivo.
El principal efecto se observa en la revaluación del peso, cuya cotización se sitúa entre $3,600 y $3,800 pesos por dólar. La estabilidad del flujo de divisas, contraria a la volatilidad propia del riesgo país y del contexto global, contribuye a la estabilidad de la tasa de cambio.
El efecto inmediato es que ellas sostienen los niveles de consumo de los hogares principalmente de estratos socioeconómicos, 2, 3 y 4, en alimentación, vivienda, salud, educación y, en algunos casos, pago de deudas, mitigando la caída del consumo. El excelente nivel y el bajo costo de los servicios de salud en Colombia son aprovechados por migrantes que regresan temporalmente al país para acceder a procedimientos hospitalarios, exámenes de laboratorio y consultas médicas.
El Valle del Cauca recibe aproximadamente el 25% de las remesas, concentradas en ciudades como Cali, Palmira y Jamundí. Lo anterior refleja una realidad preocupante. El talento, laboriosidad y disciplina de la población joven, que no encuentra posibilidades de trabajo en la región, emigran no hacia otras ciudades del país, sino que dan el salto para explorar oportunidades en el exterior, donde son bien recibidos en Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, España, entre otros, integrándose, cumpliendo y formalizando su situación migratoria. En otras palabras, Colombia es una gran exportadora de talento calificado.
Muchos de ellos inician el proceso a través de oportunidades en educación superior y técnica y, por supuesto, en el aprendizaje de idiomas. Tras obtener los títulos correspondientes, evolucionan profesionalmente, accediendo a empleos y obteniendo estatus migratorio temporal que les permite trabajar mientras tramitan la residencia permanente y, en algunos casos, la ciudadanía.
Pero no todas las remesas provienen de los cinco millones de colombianos residentes en el exterior. El auge de la virtualidad y el marketing digital permiten que muchos trabajen de forma remota y comercialicen servicios en el contexto global, generando ingresos en cuentas en el exterior. Estos ingresos se monetizan a través de billeteras digitales y aplicaciones financieras, ingresan como remesas y contribuyen al crecimiento del 90% registrado en los últimos seis años.
El mito que las remesas corresponden a las actividades ilícitas es infundado.
Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.