En las ciudades su sistema fiscal es aquel conjunto de organismos públicos, del municipio respectivo, para administrar su erario, conformado este por los diversos impuestos que pagan los ciudadanos, y que también suministran las rentas y activos pertenecientes al municipio. Además, se encarga de gestionar los gastos públicos, principalmente los sueldos de los funcionarios públicos y de los colaboradores permanentes u ocasionales y, asimismo, contratos diversos; y desde luego de financiar todas las obras públicas de la ciudad.

         Las obras públicas en las ciudades implican los múltiples trabajos de planeación, proyecto, mantenimiento y construcción de sus diversas infraestructuras y edificaciones públicas varias, gestionados y financiados por el municipio, con dinero proveniente del erario, para el uso y beneficio de todos sus habitantes. Obras que son fundamentales para el desarrollo de toda ciudad, mediante un proceso de cambio, evolución y mejora en diversos ámbitos (económico, social, cultural, urbano, técnico) que buscan elevar la calidad de vida en ella.

Se trata de los múltiples trabajos para solucionar los problemas viales de la ciudad (calzadas, andenes y puentes) y de redes de servicios públicos (agua, alcantarillado, energía, gas, telecomunicaciones) o para responder a las necesidades prioritarias de sus habitantes (escuelas, hospitales, espacios culturales, áreas verdes y deportivas) o para procurarles un eficiente sistema público de transporte colectivo e integrado más ciclovías, o para favorecer sus diversas actividades laborales, o de la vivienda misma (parqueaderos y servicios públicos).

En consecuencia, la prioridad de las obras públicas según cada localidad, debe ser el resultado de la ejecución, a corto y mediano plazo, de un amplio plan a largo plazo para la ciudad y su área metropolitana de hecho, a realizar por sucesivos alcaldes; y sus proyectos deben ser asignados mediante concursos públicos, y su construcción mediante las correspondientes licitaciones, y contar con la financiación requerida antes de iniciar su construcción, garantizando de esta manera su correcta ejecución y su terminación a tiempo.

Para resolver los problemas imprevistos, que inevitablemente se presenten, o para revitalizar espacios públicos olvidados o deteriorados, los que por supuesto si deben ser gestionados por el alcalde de turno, se debe recurrir a pequeñas y rápidas intervenciones precisas, de bajo costo y alto impacto (las llamadas “acupunturas urbanas”) que complementen el plan a largo plazo, o que no se interpongan al mismo, o que sean recuperables de distintas maneras, o desmontables, si es posible, para poderlas trasladar a otra parte de la ciudad.

En todas estas obras públicas su aspecto estético es importante, referida al diseño, embellecimiento y percepción sensorial de los espacios urbanos públicos, integrando arquitectura, paisajismo y arte para crear entornos funcionales y visualmente atractivos. Pero no las debe haber solo con el pretexto de “embellecer” la ciudad y sí, por lo contrario, para proteger los paisajes naturales que la rodean o la cruzan, como lo son esplendorosamente en Cali sus muchos verde árboles, colinas, montes, ríos, cordillera y valle.

Pero sin una planeación a largo plazo, los ingresos públicos suelen ser insuficientes para cubrir los gastos de la ciudad, y cuando las obras pùblicas se asignan a dedo, corrupción y se planifican, proyectan y construyen mal, o no se concluyen, o incluso ni siquiera se inician, es lo peor de una crisis fiscal. Pero, paradójicamente, de lo que poco se opina a fondo en los medios, pese a que provoca desconfianza en los mercados, recortes en el gasto, aumentos de los impuestos y posibles emergencias económicas.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.