La educación es un proceso de formación permanente, personal y social, que transmite valores y conocimientos esenciales, permitiendo a los individuos desarrollarse, cumplir con sus deberes, ejercer sus derechos y participar en la sociedad. Abarca modalidades formales (escuelas, colegios, universidades),  no formales (cursos) e informales (experiencias). Muchos de los actuales problemas políticos, económicos, sociales, laborales y de comportamiento, se solucionarían con más educación, pero primero para formar y luego para instruir.

         Una conveniente formación política ayuda a evitar la polarización, la demagogia y las mentiras, las que ahora, en el siglo XXI, debilitan cada vez más a la democracia, como ya lo advirtió Moisés Naim hace años. La relación entre política y educación es intrínseca y bidireccional; es el medio por el cual las sociedades transmiten sus valores y visiones de mundo, mientras que la política, por su parte, determina los objetivos y normas de los sistemas educativos…y los políticos definen sus recursos económicos ante ciudadanos mal educados.

         La educación y la economía están intrínsecamente ligadas, en este caso actuando, además de la formación de los ciudadanos, en su instrucción como una pertinente inversión, ya que impulsa el crecimiento económico del país, aumenta la productividad laboral y reduce en la desigualdad económica y social. Se trata de enseñar y adiestrar a sus habitantes según sean sus particulares aptitudes, intereses y posibilidades, ya sea en las artesanías, oficios, practicas, profesiones o disciplinas correspondientes a cada caso particular.

         La educación y la sociedad por supuesto mantienen una relación esencial; la educación transforma a los individuos, enriqueciendo su cultura, valores y calidad de vida, mientras impulsa el progreso, la equidad y la cohesión social; actúa como un motor de desarrollo sostenible, reduciendo desigualdades y preparando ciudadanos críticos. Y fomentando la tolerancia, reduciendo las desigualdades, y formando ciudadanos críticos pero responsables y respetuosos de los otros, y de ahí la importancia de la educación cívica.

         La educación y lo laboral desde luego están íntimamente vinculados, en tanto que conforman un conjunto de trabajos, tareas, actividades u ocupaciones, con un enfoque en el esfuerzo físico, pero junto con el intelectual, por lo que instrucción constituye un factor clave para acceder a empleos de mayor calidad, mejores ingresos y crecimiento económico general. Lo que entonces implica una enseñanza pertinente (artesanal, técnica o universitaria) para cada individuo, pero con una buena formación ciudadana previa.

         La educación y el comportamiento están básicamente unidos; el comportamiento se enseña y se aprende a partir de la educación recibida por la familia, amigos y conocidos, y por parte de los vecinos, la que se precisa y amplía en la escuela, luego se explica en el colegio, y más tarde se estudia en diversas materias en la universidad. La gestión de la conducta de las personas requiere un ambiente armónico, normas claras, refuerzo positivo y la enseñanza de habilidades socioemocionales para fomentar la autorregulación y el respeto a los otros.

         Instruir, por su parte, significa enseñar, comunicar conocimientos y enseñar sistemáticamente a las personas, en materias específicas para las diferentes áreas del trabajo, entendido este como cualquier actividad humana, física o mental, que requiere un esfuerzo, y que se realiza con el fin de producir múltiples bienes o prestar diversos servicios, que sean demandados por una sociedad. Pero por ciudadanos ya formados en tanto tales y como miembros plenos de una comunidad, y reconocidos por el Estado con derechos y obligaciones.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.