Según lo define el DEL, control es la comprobación, inspección, fiscalización, intervención de algo, en este caso de aquel artefacto que, junto con sus habitantes y sus actividades, constituye una ciudad. Considerando lo anterior, queda claro que en Cali no pocos de sus más acuciantes problemas actuales se deben a la falta del ineludible control al respecto de cada uno por parte de las autoridades municipales; lo que lleva al descontrol de la ciudad, que el DLE define, precisamente, como falta de control, y de orden y disciplina. El caso es que una ciudad sin orden no es del todo una ciudad; y unos habitantes carentes de disciplina, en tanto autocontrol y cumplimiento de las normas, no son verdaderos urbanitas, todo lo cual afecta todas sus actividades en la ciudad.
Tal es el caso de la muy preocupante falta de un eficiente control en Cali, tanto del artefacto, la ciudad física, como de sus habitantes y sus actividades. Principiando por la inseguridad presente en toda la ciudad; el desorden del tránsito y los estacionamientos invasivos; el mal comportamiento de sus habitantes en los espacios urbanos públicos, como en los privados de uso público; el ruido ajeno afectando a los vecinos y más allá; el irrespeto a la privacidad de los otros; el incumplimiento de las normas urbano-arquitectónicas vigentes; las intervenciones no autorizadas en las edificaciones; su demolición total o su abandono ídem; los usos del suelo no permitidos en ellas; la falta de mantenimiento adecuado y periódico de las edificaciones y espacios urbanos.
Para comenzar, en Cali la policía evidentemente todavía no es suficiente, y además está limitada al control de la delincuencia; por su parte, los guardias de tránsito están circunscritos sólo a este asunto; y los vigilantes privados apenas se ocupan de quien los contrata. Por otro lado, las nuevas curadurías urbanas continúan sin el ente de control que se había establecido para las mismas, no resuelven el problema, sino que lo multiplicaron, y además sumaron malos manejos y no poca corrupción. Para rematar, los varios organismos existentes en la ciudad para controlar la preservación de su patrimonio arquitectónico, urbano y paisajístico, no disponen del personal adecuado para hacerlo, desviándolo a la policía la que deja de lado dicho control.
En consecuencia, la falta de orden en Cali es casi total, entendiéndolo, siguiendo el DLE, como la disposición adecuada de personas o cosas, en este caso de edificaciones, habitantes y actividades, tres componentes que además en una ciudad deben ir juntos y simultáneamente, creando un sistema urbano jerarquizado. Se trata de crear un conjunto de edificaciones y espacios urbanos, públicos y privados, interrelacionados y ordenados, para lograr organizar lugares específicos en la ciudad, lo que implica su jerarquía ordenada por grados, en la que edificaciones y espacios urbanos se subordinan unos a otros en una escala, según la importancia que represente cada uno para la ciudad, en tanto su artefacto, habitantes y actividades.
La solución, en Cali, es que el Concejo Municipal por fin establezca una verdadera oficina de planeación distrital, cuyo Plan de Ordenamiento del Territorio, POT, a largo plazo, deben seguir los alcaldes sucesivos, como ya ha sido propuesto por quien escribe desde hace 15 años (Una mejor gestión pública, Caliescribe.com, 29/05/2011) junto con una policía municipal igualmente ya sugerida (Vote, El País, Cali, 16/06/2011). Planeación, como la define el DLE, que implica un proceso fundamental de toma de decisiones, a partir de analizar la situación actual de la ciudad y definir en consecuencia objetivos claros, para poder establecer un curso de acción que permita alcanzar un mejor futuro para la ciudad; el artefacto, sus habitantes y sus actividades.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.