Una de las principales banderas enarboladas por la gesta libertadora de la corona española fue impartir educación pública y gratuita; por encargo presidencial, el libertador comisionó al General Francisco de Paula Santander a tan insigne tarea.
La denominación de “Santa Librada” al primer colegio republicano fundado por Santander en Cali (enero 29 de 1823), fue en honor a una cristiana del siglo II D.C. – hija de un Rey portugués – quien pidió fuerza a Dios para oponerse a contraer matrimonio forzoso. El prócer independentista relievó la firmeza de la adolescente crucificada para estimular en los educandos emplear fortaleza en momentos difíciles.
Sin indemnización alguna, Santander despojó a los curas dominicos el colegio-convento San Agustín de Cali. Allí se aposentó la muchachada de Santa Librada, cuya educación eminentemente laica fue uno de los primeros desencuentros conceptuales con Bolívar; bajo emblema concertado de ciencia y filosofía teológica (escolástica-aristotélica) avanzaron con brillo académico durante más de centuria y media los rigurosos claustros libradunos, de donde egresaron 5 presidentes de Colombia.
Históricamente estudiantes de Santa Librada han sido seducidos a participar en reyertas tales como apoyar la ofensiva bélica liberal para tomar Cali (1876) con la finalidad de desplazar a los godos (descendientes de íberos), el atrincheramiento en el parque Los Estudiantes en mayo de 1957 contra Rojas Pinilla y el craso error trosko-socialista de expulsar la Fundación Rockefeller de la Facultad de Medicina Uvalle en 1968, año de mi promoción.
Por inversión del gobierno nacional, en 1942 el colegio se trasladó a la sede actual. Desde principios de los 80, magisterio Fecode de “ideario progre” empezó el ciclo que aún mantiene en marasmo y mediocridad en pruebas de saber al estamento estudiantil.
Hace cerca de 30 años sus 11 edificaciones estilo arquitectura republicana francesa vienen colapsando; en la etapa constructiva referida no regían normas técnicas antisísmicas (adoptadas en 1984) y menos abatir influencia freática de mantos acuáticos subterráneos que aún bajan por sus pendientes. Intervenciones recientes revelan cimientos de concretos ciclópeos horadados, al igual que resquebrajamiento de mamposterías de ladrillo originales.
Los 11 bloques de Santa Librada son patrimonio cultural nacional (Ley 246/04), Bien de Interés Cultural – BIC- local, patrimonio arquitectónico (POT Cali); cualquier rehabilitación, restauración, consolidación estructural, no puede modificar fachadas, priorizando la conservación de elementos históricos.
El historiador y rector del alma máter Ramón Ignacio Atehortúa Cruz es el único que logró convencer al alcalde Guerrero 2 (2013), quien reivindicó parcialmente al erigir bloque nuevo al lado de la capilla, acatando requisitos supradichos, hoy en perfectas condiciones.
Las expectativas generadas por el Bicentenario del Colegio (2023) de recuperación de sus instalaciones, estimadas en $50 mil millones, motivaron la presencia de Ospina 2 en el acto central, quien se comprometió a transformar el colegio en “ciudadela educativa”; como suele acontecer, su administración pasó en nada. Del rubro apropiado, aparecieron solo $5 mil para estudios que hubieran podido tener otro destino puesto que ex alumnos ingenieros y arquitectos donaron contenido símil.
Eder, quien prestó a la banca $3.5 billones, ha anunciado $20.000 mil millones de los cuales $5 mil son para estudios, luego con $15 mil “reestrenarán” 2 bloques, restando 9. Con el tiempo que le queda, hará nada más. La inmolación de aquella joven Santa Librada sigue mal librada ante inversiones que suenan pírricas. Respecto del volumen de la ruindad son casi nada; con razón su bachiller honoris causa, el poeta nadaista Jotamario Arbeláez, satíricamente loó a la nada.
