El acceso al agua potable en Cali no es una experiencia homogénea. Aunque la ciudad cuenta con fuentes hídricas y sistemas de abastecimiento consolidados, en la práctica persisten desigualdades marcadas entre comunas, especialmente entre barrios formales, zonas periféricas y sectores de ladera. La continuidad, la calidad y la cobertura del servicio reflejan brechas sociales que se han hecho más visibles en los últimos años.
Durante los últimos dos años, estas diferencias han sido recurrentes en el debate público. Entre 2024 y 2025, mientras amplios sectores del sur y del centro de Cali mantuvieron un servicio relativamente estable, barrios de ladera y asentamientos con condiciones urbanas precarias enfrentaron interrupciones frecuentes, baja presión y problemas de calidad del agua.
Las comunas de ladera presentan algunos de los mayores retos. En sectores como Siloé, Terrón Colorado y zonas altas del occidente, la topografía dificulta el bombeo continuo y genera vulnerabilidad ante fallas técnicas o cortes programados. En estos barrios, la continuidad del servicio suele depender de horarios, presiones variables y, en algunos casos, de redes no convencionales.
En el norte de la ciudad, áreas como Altos de Menga y otros sectores en expansión urbana también evidencian brechas. Aunque algunos cuentan con urbanizaciones formales, el crecimiento acelerado ha superado la capacidad inicial de las redes, generando episodios de baja presión y cortes temporales, especialmente en horas pico.
Las diferencias entre barrios formales e informales siguen siendo determinantes. En zonas con planeación urbana consolidada, el acceso al agua es más continuo y con mejor control de calidad. En contraste, en asentamientos informales o en proceso de legalización, las conexiones irregulares, la falta de infraestructura adecuada y la informalidad del suelo afectan la prestación del servicio.
La calidad del agua también presenta variaciones percibidas. En algunos sectores periféricos, los usuarios reportan cambios en el color, olor o sabor del agua, especialmente después de lluvias intensas o trabajos en la red. Aunque no siempre representan un riesgo sanitario, estas situaciones refuerzan la percepción de inequidad en el servicio.
El impacto social de estas brechas es significativo. La falta de continuidad afecta la higiene, la preparación de alimentos, la salud y la vida cotidiana, especialmente en hogares con niños, adultos mayores y personas enfermas. Además, obliga a algunas familias a recurrir a almacenamiento improvisado o a la compra de agua, incrementando los costos de vida.
Para las comunidades afectadas, existen rutas de atención institucional. Los ciudadanos pueden reportar fallas del servicio, solicitar revisiones técnicas y exigir planes de mejora a través de los canales de atención de la empresa prestadora y las autoridades locales. Sin embargo, la solución estructural requiere inversión sostenida y enfoque territorial.
El reto para Cali es cerrar las brechas históricas en el acceso al agua. Esto implica fortalecer la infraestructura en laderas, acompañar procesos de formalización urbana y garantizar que la gestión del agua incorpore criterios de equidad social.
El agua no solo es un servicio público, es un derecho y un factor de cohesión social. Reducir las desigualdades en su acceso es clave para una ciudad más justa e integrada.