Quiero precisar sobre la absurda determinación de proceder a ejecutar obras de remodelación y ampliación del estadio Metropolitano de Barranquilla, eliminando la pista de atletismo, derrumbando el concepto olímpico. Así debe empezar cualquier discusión seria sobre el futuro del principal escenario deportivo del Caribe colombiano. No es un simple debate de aforo o de rentabilidad: es un asunto de interés colectivo, razón por la cual resulta pertinente resaltar la presentación de una Acción Popular conforme al Art. 88 de la Constitución Política y la Ley 472 de 1998.

El estadio Metropolitano fue construido en la administración del doctor Julio César Turbay Ayala (1978–1982), cumpliendo lo prometido por su gobierno a través de Coldeportes Nacional, bajo la dirección del licenciado y periodista Mike Forero Nogüés, dentro del cronograma de escenarios exigidos por la FIFA para la Copa Mundial de Fútbol de 1986. Es decir, el Metropolitano fue una obra de Estado, pensada con visión internacional.

Sus planos y diseños fueron dirigidos y coordinados por la Dirección de Construcciones de Coldeportes Nacional, bajo la responsabilidad del arquitecto José Francisco Ramos Pereira (QEPD), quien realizó especialización y actualización en la República Federal Alemana y en otros países europeos. Ese rigor profesional garantizó un proyecto elogiado y seleccionado para optar al Premio Nacional de Arquitectura en su momento. No se trata, entonces, de una estructura obsoleta, sino de un referente técnico, arquitectónico y de país.

Más aún: durante la ejecución y terminación de la obra civil se visionó, a futuro, la ampliación del aforo y los ajustes requeridos por las federaciones internacionales de fútbol y atletismo, dejando recomendaciones técnicas claras, y articulando el escenario con el histórico complejo de la calle 45, para la promoción y detección de talentos, y la formación y desarrollo de atletas a nivel regional, nacional e internacional. El carácter olímpico no fue un adorno: fue su razón de ser.

A lo largo de los años, el Metropolitano de Curramba la Bella ha tenido obras complementarias de arquitectura e ingeniería civil para actualizar y cumplir las exigencias de las federaciones deportivas internacionales, permitiéndole ser sede de juegos y eventos regionales, nacionales e internacionales del ciclo olímpico y paralímpico, además de actividades culturales y eventos de diversa índole. Esa polivalencia es precisamente lo que hoy se pretende sacrificar.

La herida más reciente fue la asignación oficial de sede de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos 2027 a Barranquilla, último gran evento clasificatorio hacia Los Ángeles 2028, que Panam Sports canceló, “lamentablemente hay que decirlo por desidia del gobierno nacional ( 2022 – 2026 ) y  falta de interés del distrital y departamental. Y conviene subrayarlo: el punto de partida era el estadio olímpico, porque el escenario auxiliar de atletismo tiene un aforo de 3.000 personas. Olvidan los escenarios de Panamericanos Lima 2019 y Santiago 2023, donde los aficionados presenciales superaron los 30.000 asistentes o los records mundiales de Cali 1971, que inmortalizaron esa ciudad , en presencia de 40.000 almas  ( Jamaicano Quarrie y cubano Perez Dueñas ).   La incapacidad institucional no puede pagarse destruyendo el atletismo.

Mientras en otros países de los cinco continentes se mantienen, conservan y respetan las obras arquitectónicas del pasado, en Colombia procedemos a demoler y/o eliminar, “irrespetando lo público y su carácter olímpico, desvalorizando el trabajo, la tenacidad y la memoria de quienes fueron piedras angulares del progreso”. Modernizar no es borrar; transformar no es destruir.

Si la remodelación del Metropolitano obedece a incrementar el aforo para el fútbol, disciplina que cumple y está avalada por la FIFA, y si se busca un beneficio económico “con detrimento de la disciplina del atletismo”, la respuesta técnica y ética es otra: replantear diseños arquitectónicos y de ingeniería civil para construir hacia arriba en las tribunas, en los cuatro puntos cardinales, sin afectar las obras existentes, financiadas “con el apoyo presupuestal de todo un país para el desarrollo y orgullo del atletismo y el fútbol colombiano”.

Por ello, el llamado es directo a los Comités Olímpico y Paralímpico Colombiano, a las federaciones nacionales deportivas afectadas, a los rectores del Sistema Nacional del Deporte y al Ministerio del Deporte, para que procedan a un replanteamiento objetivo y racional de lo que se pretende hacer en el estadio Metropolitano de Barranquilla, evitando ejecutar algo que, a todas luces, va en detrimento de atletas, aficionados y comunidad en general.

Y al señor alcalde de Barranquilla, una recomendación sensata y moderna: coordine con la dirigencia del Club Junior de Barranquilla, como entidad privada, para dirigir esfuerzos hacia la construcción de su estadio propio, “al estilo de los clubes profesionales de las grandes ligas” del mundo. Así se fortalece la identidad del club sin sacrificar el patrimonio olímpico de la ciudad.

Eliminar la pista de atletismo no es una reforma: es una renuncia. Y las ciudades que renuncian a su proyección deportiva, por un solo deporte, terminan perdiendo mucho más que metros de concreto.

*Director de Desarrollo y Control Deportivo de Coldeportes Santander (1974–1980) y Coldeportes Nacional (1980–1983); Jefe Nacional de Recreación, Educación Física y Deportes de Telecom Nacional (1984–1998); secretario liga de atletismo de Santander 1966 – 1970, vocal Federacion Colombiana de atletismo; Voluntario Olímpico y Paralímpico desde los Panamericanos Cali 1971 hasta la fecha.

*Ingeniero industrial UIS, especializado en administración deportiva – Berlín y Colonia (ALEMANIA)

Armando Montañez Pinzón