* Guillermo Ulloa T 

A partir de la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, el mapa geopolítico del mundo cambió. La extracción del dictador venezolano Nicolás Maduro, con precisión quirúrgica, a cargo de las fuerzas especiales norteamericanas, y su entrega ese mismo día a las autoridades judiciales neoyorquinas, acatando la acusación formal de narcoterrorismo, apenas fue el comienzo del cambio.

 Los hechos ocurridos esa madrugada quedarán registrados en los anales de la historia como la victoria más importante del mandato del presidente Donald Trump. Pese a las advertencias pacíficas y a los diálogos previos que se habían desarrollado, la soberbia de Maduro fue su error. Provocar al poderío de Estados Unidos, acusar a Trump de cobardía y retar a la potencia a un conflicto armado, mostrado con payasadas de milicias inexistentes, era fantasioso. 

Pese a las voces disidentes del progresismo mundial, que convocaron, entre otros, a fracasados organismos multilaterales que siempre dieron la espalda a la tiranía venezolana, y expresiones de rechazo del Congreso norteamericano, incluidos las de algunos senadores republicanos, que tildaron la extracción como un acto de intervención militar que transgredía la soberanía, tan solo quedó en la retórica equivocada de la izquierda. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el propio presidente Trump respetaron el mandato constitucional venezolano, apoyando el proceso de transición, asumiendo la jefatura de Estado la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

Seguidamente, Trump declaró el interés lógico de aprovechar eficientemente el recurso petrolero, devastado y saqueado por la ineficiencia y la corrupción del modelo socialista, produciendo tan solo la tercera parte de lo que había sido su principal rubro económico a finales del siglo pasado.

Bajo condiciones de seguridad jurídica y física, Estados Unidos propone realizar la inversión necesaria para recuperar la infraestructura y compensar a las petroleras norteamericanas por el perjuicio causado por el régimen Chávez-Maduro. Detrás de esta intención se está gestando el plan más ambicioso para recuperar el modelo fracasado impuesto por la dictadura chavista.

 La iniciativa del secretario de Estado George Marshall en 1947, proponiendo el programa que lleva su nombre, con el fin de ayudar en la reconstrucción de Europa Occidental, después de la Segunda Guerra Mundial, impulsar la economía, aliviar la pobreza y contener el comunismo, la retoma el presidente Trump, en esta ocasión, como modelo para Venezuela.

 La política arancelaria del programa de Trump ha generado un superávit fiscal histórico y, con ello, puede llevar a cabo el programa de reconstrucción de Venezuela, inyectando recursos en la modernización de los sectores de hidrocarburos y de minerales raros, cruciales para la tecnología de vehículos eléctricos y dispositivos móviles, entre otros. No es casualidad que Elon Musk ofrezca internet gratuito en Venezuela.

Bajo el modelo propuesto de seguridad jurídica para la propiedad privada inversionista, e incluso convertir al país vecino en una zona franca industrial de “nearshoring”, remplazando la manufactura en China, es la oportunidad para Colombia, como país vecino, hermanado históricamente y de pujanza empresarial, incalculable.

 

Las empresas colombianas que tuvieron operaciones fabriles en Venezuela y fueron expropiadas por el régimen retornarán, conquistando el mercado local y global, generando empleo formal para la población. El nivel profesional colombiano es fundamental en esta etapa, aportando la laboriosidad y la genialidad que nos caracterizan.

 

Ante esta oportunidad dorada, nos queda el reto de saber elegir un congreso y un presidente que sepan aprovechar el contexto. No nos podemos equivocar al convocar a ideales progresistas que llevaron al vecino país a la pobreza absoluta.

 

Colombianos, la conquista mítica de la leyenda de un reino de oro incalculable, plasmada en la búsqueda de “El Dorado” en Guatavita, está a la vista, esta vez en Venezuela.

Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.