En los últimos dos años, Cali ha impulsado la creación de Mesas Comunitarias de Diálogo en las comunas con mayores niveles de conflictividad. Esta estrategia busca fortalecer la relación entre comunidades, instituciones y líderes locales para resolver tensiones, prevenir hechos violentos y mejorar la convivencia. Aunque el programa no es nuevo en la ciudad, su implementación reciente ha tenido un enfoque más territorial, con participación directa de jóvenes, organizaciones barriales y equipos profesionales de mediación.

Las Mesas de Diálogo funcionan como espacios periódicos donde la comunidad identifica problemas, formula acuerdos y hace seguimiento a compromisos. En 2024 y 2025, estas mesas se activaron especialmente en las comunas 13, 14, 15, 18 y 20, zonas que han mostrado mayores episodios de disputas entre grupos juveniles, vandalismo, conflictos por uso del espacio público y tensiones derivadas de economías ilegales. El propósito central ha sido evitar que estos conflictos escalen y construir rutas de solución acompañadas por la Alcaldía, la Secretaría de Paz y organizaciones locales.

Una experiencia destacada ocurrió en la comuna 15, donde las JAC, líderes juveniles y entidades públicas definieron un plan de rutas seguras para estudiantes y horarios de intervención en puntos críticos. Allí, la Mesa Comunitaria permitió acuerdos sobre patrullajes, recuperación de espacios y actividades deportivas de fin de semana. El seguimiento mostró que, con coordinación entre instituciones y vecinos, se podían reducir episodios de riñas alrededor de colegios y centros comerciales.

En la comuna 18, el programa se enfocó en conflictos derivados del transporte informal y disputas entre grupos de jóvenes. Las mesas facilitaron encuentros con transportadores, comerciantes y residentes, lo que permitió ordenar recorridos, evitar confrontaciones y generar un canal directo para reportar incidentes. Este proceso incluyó talleres de mediación y jornadas de reconocimiento del territorio, que ayudaron a mejorar la comunicación entre actores que antes no tenían un espacio común de diálogo.

Otra experiencia relevante se dio en la comuna 13, donde las Mesas Comunitarias abordaron tensiones entre organizaciones culturales y residentes por el uso de escenarios, horarios de música y actividades nocturnas. El diálogo permitió establecer reglas claras, programaciones concertadas y la creación de un comité de seguimiento que se reúne cada mes. Aunque persisten diferencias, la formalización de acuerdos ha disminuido los reclamos repetitivos y ha promovido una convivencia más organizada.

Pese a estos avances, la estrategia enfrenta retos. La asistencia es variable y depende del compromiso de los líderes, la disponibilidad de equipos institucionales y la capacidad de sostener acuerdos en el tiempo. Además, algunas comunidades expresan desconfianza hacia instituciones públicas o sienten que los compromisos tardan en ejecutarse. Sin embargo, las mesas han demostrado ser herramientas útiles cuando se les da continuidad y seguimiento técnico.

Para las instituciones, el desafío principal es mantener equipos de mediación en terreno, con presencia constante y capacidad de respuesta rápida. Para las comunidades, la tarea es participar de manera activa, registrar compromisos y documentar los avances. Esta combinación ha mostrado mejores resultados que acciones aisladas que no cuentan con la participación de vecinos y organizaciones barriales.

Para quienes quieran solicitar apoyo o activar una Mesa Comunitaria de Diálogo, el proceso es sencillo. La Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana de Cali cuenta con un equipo encargado de recibir solicitudes a través de la Casa de Justicia más cercana, unidades de atención en las comunas o los canales oficiales de la Alcaldía. Basta con presentar una descripción del conflicto o la situación que preocupa a la comunidad, indicando el barrio, actores involucrados y posibles riesgos.

Después de recibir la solicitud, un equipo técnico realiza una visita de verificación y define si corresponde activar una mesa, convocar a jornadas de mediación o derivar el caso a otras instituciones. Cuando se aprueba la creación de la mesa, la comunidad participa en la definición de fechas, metodología y puntos de trabajo. En la mayoría de los casos, las mesas se realizan en colegios, sedes comunitarias o parques.

Este programa ofrece una oportunidad para que las comunidades puedan ser protagonistas en la gestión de sus conflictos y en la construcción de acuerdos que mejoren la convivencia local. Los resultados de los últimos dos años muestran que, con coordinación y seguimiento, es posible avanzar en soluciones prácticas que atienden las preocupaciones de los barrios. Las Mesas Comunitarias de Diálogo no resuelven todos los problemas, pero sí abren un canal directo entre ciudadanía e instituciones, lo que fortalece la capacidad colectiva para enfrentar situaciones complejas.

Ana Lucia Arango M