En Cali opera un conjunto de intervenciones de acompañamiento psicosocial dirigidas a familias afectadas por distintas formas de violencia. Estas acciones hacen parte de la oferta institucional de la Alcaldía, en articulación con el ICBF, la Secretaría de Bienestar Social, la Secretaría de Salud, la Personería y varias organizaciones comunitarias. El enfoque central es brindar apoyo emocional, orientación para el restablecimiento de derechos, rutas claras de protección y fortalecimiento familiar.

El programa funciona en tres componentes principales. El primero es la atención inmediata, que se activa cuando una familia reporta un hecho de violencia intrafamiliar, violencia contra niños, niñas y adolescentes, violencia basada en género o afectaciones derivadas de conflictos comunitarios. En estas situaciones se realiza una valoración inicial para identificar riesgos y necesidades, se define una ruta de protección y se orienta a los acompañantes familiares sobre los pasos a seguir ante entidades competentes.

El segundo componente es el acompañamiento psicosocial. Equipos de psicología y trabajo social trabajan con cada familia por un periodo determinado, que puede variar según la gravedad del caso. La intervención busca ayudar a comprender la situación vivida, mejorar la comunicación entre sus integrantes, identificar redes de apoyo y fortalecer la toma de decisiones. Cuando hay riesgo para un menor de edad, se coordina con Comisarías de Familia y Defensorías de Familia para garantizar medidas oportunas.

El tercer componente corresponde al seguimiento y articulación con servicios externos. Una vez iniciada la intervención, el equipo profesional acompaña a la familia en la gestión de trámites, citas médicas, asesorías jurídicas o actividades comunitarias. El programa procura que la familia no quede sola frente a instituciones que pueden resultar complejas de entender.

Durante los últimos dos años, Cali ha registrado varias experiencias que muestran avances en este tipo de acompañamientos. Una de las más relevantes ha sido la ampliación de las rutas integradas con Comisarías de Familia. Se pasó de una atención fragmentada a un modelo en el que la valoración psicosocial se articula desde el primer contacto. Esto permitió reducir tiempos de respuesta y evitar que las víctimas deban repetir su relato en múltiples dependencias.

Otra experiencia destacada es la intervención comunitaria en barrios con alta presencia de violencia interpersonal. A través de jornadas de orientación familiar, talleres de manejo de emociones y actividades grupales, se ha logrado vincular a más familias a procesos voluntarios de fortalecimiento emocional. Estas actividades han sido apoyadas por organizaciones sociales, juntas de acción comunal y colectivos juveniles.

En el caso de niños, niñas y adolescentes, la ciudad ha fortalecido su articulación con la línea 141 del ICBF y con la línea 123. En los últimos dos años se han atendido situaciones en las que se activa una respuesta conjunta entre psicólogos, Defensorías de Familia y equipos de salud mental. Esto ha permitido identificar riesgos a tiempo y acompañar a las familias en decisiones que pueden ser difíciles, como cambios temporales de cuidado o procesos de conciliación.

Asimismo, se han desarrollado intervenciones en contextos escolares mediante programas de convivencia y apoyo emocional. Estos espacios han permitido que los colegios refieran a tiempo situaciones de violencia intrafamiliar y que los equipos psicosociales trabajen directamente con los hogares. Esta articulación ha sido clave para prevenir la repetición de episodios de violencia.

Para solicitar ayuda, la Alcaldía de Cali ofrece varias opciones. La primera es acudir directamente a una Comisaría de Familia, donde se realiza la valoración inicial y se remite a los equipos de acompañamiento psicosocial cuando corresponde. También es posible comunicarse con la línea 123 para reportar cualquier situación de violencia que requiera atención inmediata.

Otra vía es asistir a los puntos de atención de la Secretaría de Bienestar Social, donde orientan a la ciudadanía sobre las rutas disponibles. Para casos que involucren menores de edad, la línea 141 del ICBF es un canal permanente para recibir orientación y activar procesos de restablecimiento de derechos.

Las organizaciones comunitarias y líderes barriales también cumplen un papel importante. En varios sectores existen grupos que acompañan a las familias en el acceso a las rutas institucionales. Aunque no reemplazan la atención profesional, sí facilitan que más personas conozcan cómo pedir apoyo.

El acceso al acompañamiento psicosocial no tiene costo. El principal requisito es reportar la situación de violencia y permitir la valoración profesional. La familia puede decidir si continúa o no con el proceso, salvo cuando existen riesgos graves para un menor, caso en el cual interviene la autoridad competente.

Cali cuenta con un programa de acompañamiento psicosocial que ha mejorado su articulación y tiempos de respuesta en los últimos dos años. Las experiencias recientes muestran avances en el trabajo con familias, comunidades y colegios. Para pedir ayuda, los canales son accesibles y están disponibles todos los días, con el fin de orientar y proteger a las personas afectadas por cualquier forma de violencia.

Ana Lucia Arango M