En los últimos dos años, Cali ha consolidado un programa de mediación y conciliación comunitaria que busca resolver conflictos cotidianos antes de que escalen a procesos judiciales. Esta estrategia se ha convertido en un apoyo para barrios donde las tensiones entre vecinos, problemas de convivencia, disputas por uso del espacio público y desacuerdos familiares requieren respuestas rápidas y cercanas. El propósito central ha sido fortalecer rutas claras de orientación, mediación y seguimiento, de modo que la ciudadanía sepa a dónde acudir y qué esperar del proceso.

El programa ha tenido dos líneas de trabajo. La primera ha sido la formación de mediadores comunitarios. En distintos sectores de la ciudad, líderes barriales, integrantes de organizaciones sociales y gestores de convivencia recibieron capacitación en resolución pacífica de conflictos, escucha activa y normatividad básica. Estos grupos han servido como primer punto de contacto para quienes buscan acompañamiento inmediato. Su papel consiste en escuchar, orientar y, cuando es posible, facilitar encuentros entre las partes involucradas para explorar acuerdos.

La segunda línea ha sido la articulación entre las Casas de Justicia, los Centros de Conciliación autorizados y las rutas municipales de convivencia. En los últimos dos años, la administración local trabajó en actualizar protocolos, definir responsabilidades y mejorar tiempos de respuesta. En varias comunas se incluyeron jornadas móviles donde funcionarios y conciliadores se desplazaron a los barrios para atender conflictos de manera directa. Esta presencia territorial permitió identificar patrones de conflictividad y ajustar las estrategias según las necesidades de cada comunidad.

Las experiencias recogidas muestran avances. En sectores como el oriente y la ladera, las jornadas comunitarias han reducido el número de riñas y discusiones que antes terminaban en denuncias policiales. La mediación temprana ha sido clave en conflictos familiares y vecinales, especialmente en casos de ruido, límites de vivienda y uso de zonas comunes. También se han realizado ejercicios de conciliación escolar, donde orientadores y docentes, acompañados por mediadores comunitarios, ayudan a resolver disputas entre estudiantes.

Otro aspecto relevante ha sido el fortalecimiento de la ruta de conciliación en las Casas de Justicia. Durante los últimos dos años se ampliaron horarios, se facilitaron herramientas de seguimiento y se adoptó un sistema de registro que permite identificar los tipos de casos más frecuentes. Los temas que más se atienden son convivencia entre vecinos, acuerdos de pago, incumplimiento de compromisos y conflictos intrafamiliares que no implican violencia. Esta información ha permitido orientar campañas preventivas y acercar los servicios a quienes más los necesitan.

A nivel comunitario, algunas organizaciones sociales han impulsado laboratorios de mediación. Estos espacios funcionan como talleres donde los vecinos analizan situaciones comunes, revisan alternativas de solución y ensayan mecanismos de diálogo. En comunas como la 13 y la 15, estos ejercicios han fortalecido la capacidad local para manejar tensiones sin acudir a instancias judiciales. Varios de estos laboratorios han sido acompañados por universidades que apoyan el diseño de metodologías de mediación y seguimiento.

Para quienes necesitan orientación o iniciar un proceso de mediación, la ruta es sencilla. El primer paso es acudir a la Casa de Justicia más cercana o a un Centro de Conciliación autorizado. Allí se registra el caso, se escucha a la persona interesada y se verifica si el conflicto es susceptible de mediación o conciliación. Cuando el caso aplica, se contacta a la otra parte y se programa un encuentro. Si ambas partes aceptan, se desarrolla una sesión guiada por un conciliador o mediador, donde se analizan los hechos y se plantean posibles acuerdos. Si se llega a un consenso, se firma un acta que tiene validez legal cuando la entidad está autorizada para conciliar.

También es posible pedir ayuda a través de las jornadas móviles que visitan distintos barrios. La Alcaldía y las Casas de Justicia publican sus cronogramas en canales oficiales y redes comunitarias. Además, varias organizaciones barriales mantienen puntos de orientación donde las personas pueden acercarse para recibir información y ser remitidas a la institución correspondiente.

Este programa ha mostrado que la mediación y la conciliación no solo reducen conflictos, sino que fortalecen la convivencia al promover el diálogo y la corresponsabilidad. Aunque aún hay desafíos en cobertura y tiempos de atención, la experiencia reciente evidencia que la solución pacífica de conflictos depende tanto de la capacidad institucional como del compromiso de la comunidad. En los próximos años, la continuidad de estas rutas será determinante para mejorar la convivencia y construir relaciones más estables en los barrios de Cali.

Ana Lucia Arango M