Sus lideres se parecen en que no asumen riesgos, son el reflejo del miedo al liderazgo real. En ambos sobran diagnósticos, pero les falta una cosa: alguien con el valor de asumir el riesgo político y económico de hacerlos funcionar, en el camino administrativo de eficaz operacion , para 2 problemas de Cali, insolutos. Univalle y el orden público, con un MIO, 20 años sin solución de viabilidad en el largo plazo .
Los alcaldes administran el MIO con guantes, no se untan, solo “mejorales”, ahora a comprar buses con dinero público, evitando decisiones estructurales, por no chocar con el Concejo, con el pasado o con los organismos de control. Y los rectores de Univalle, no entienden que ellos deben resolver su problema con los capuchos, uniendo las mayorias universitarias, ejercer autoridad, para no paralizar a Univalle y el sur de Cali, destruyendo su prestigio. Que pasividad en el liderazgo de los rectores univallunos….
Ni los alcaldes y los rectores, no quieren ser recordados por cambiar algo, solo por no perder su puesto.
Rector y alcalde, a salirle a Cali
El sur de Cali se detiene más de 20 veces al año; la Universidad del Valle dejó de ser el alma máter que inspiraba orgullo regional, y el MIO continúa sin rumbo ni destino. Mientras tanto, el alcalde se refugia en el Concejo, sin soluciones de largo plazo para el transporte y el rector en su Consejo Superior, mostrando imposibilidad de actuar , ante minusculo grupo de encapuchados. Ambos son incapaces de asumir la magnitud del problema. Prefieren la comodidad del statu quo, soluciones que finalmente se funcione con el cáncer, excusas recicladas y la comodidad de la indiferencia antes que las decisiones valientes que la ciudad exige.
Atreverse a transformar requiere carácter. La verdadera vergüenza no está en el fracaso institucional, sino en la cobardía compartida de quienes se niegan a gerenciar con visión y coraje. Cali no necesita administradores del estancamiento, sino líderes que se atrevan a cambiar la historia. Los egresados de Univalle, si son 90.000 deben actuar en cartas al CSU ; Alejandro Éder y Guillermo Murillo tienen la palabra !
15 años de incumplimientos…
El Plan de Valorización – 21 Megaobras, aprobado en 2008, prometía transformar la infraestructura urbana, marcar un antes y un después en el desarrollo de la ciudad. Pero, 15 años después del 20 de octubre de 2010, fecha en que se puso en marcha la primera obra, el balance es desolador: solo se ha ejecutado el 58 % del proyecto, mientras 9 de las megaobras más costosas siguen sin comenzar o quedaron inconclusas.
Lo que nació como una apuesta por el progreso terminó convertido en un símbolo de fracaso. Los alcaldes de turno no cumplieron con su deber de entregar las obras financiadas con dinero público, y su omisión podría considerarse una forma de estafa a los contribuyentes. A esto se suma la pasividad de los entes de control, Concejo, Contraloría y Personería, que durante años miran a otro lado, permitiendo que la deuda con la ciudad crezca y que los sueños de desarrollo se transformen en elefantes blancos.
15 años después, lo que debía ser orgullo ciudadano es motivo de indignación. Mucha tela por cortar…
Créditos billonarios….
Durante 15 años, el Distrito de Cali ha suscrito 4 créditos por más de $4,8 billones, todos avalados por el Concejo y revisados por los entes de control. A pesar de inyección de recursos públicos, el dinero no se ha orientado a cumplir la obligación: Terminar las 21 megaobras que los ciudadanos financiaron con su propio bolsillo. Hoy, muchas de ellas siguen inconclusas, o abandonadas en la memoria de ciudad.
Los alcaldes Eder, Ospina y Armitage preferieron destinar los recursos a otros proyectos, relegando las obras que por ley y compromiso moral debían entregar a la ciudadanía. Esta conducta no es un simple descuido: es una estrategia política que ignora los principios de planeación, legalidad y responsabilidad fiscal establecidos por la Ley 388 de 1997. El resultado es un incumplimiento contractual, administrativo y penal que recae sobre el propio Distrito, mientras miles de contribuyentes siguen embargados y endeudados por un proyecto que no les ha devuelto ni progreso ni confianza.
15 años después, la promesa de Infraestructura, en transformación urbana se convirtió en una deuda moral y financiera con la ciudad, y en un recordatorio del costo que tiene la indiferencia institucional frente al dinero de los ciudadanos.
Responsabilidades compartidas..
El incumplimiento del Plan de Valorización – 21 Megaobras no puede atribuirse a un solo actor. Es una cadena de corrupcion, ineficiencias y omisiones. Los alcaldes Eder y Ospina II, incurrieron en faltas graves que podrían acarrear sanciones disciplinarias, civiles y penales, al desviar recursos de crédito hacia nuevos compromisos sin resolver las deudas anteriores.
El Concejo de Cali, al aprobar créditos sin exigir garantías sobre la terminación de las obras, carga con una co-responsabilidad evidente por negligencia en su papel de coadministrador del Distrito. Por su parte, la Contraloría ha fallado en ejercer una vigilancia fiscal efectiva, y la Personería ha sido incapaz de actuar frente a las faltas disciplinarias.
Con el 42 % del plan aún inconcluso y un perjuicio estimado en más de $900 mil millones, la ciudadanía reclama una auditoría pública independiente y un plan de terminación inmediata de las obras. La exigencia es más urgente que nunca, justo cuando la administración está ejecutando nuevos créditos por $3,5 billones, mientras las cicatrices del incumplimiento siguen abiertas.
Para recordar…
Alejandro Eder ganó la Alcaldía de Cali prometiendo romper con el continuismo. Una vez en el poder, la ciudad volvió a caer en el mismo ciclo de cuotas políticas, favores personales y silencios comprados. Blindado por los billones del presupuesto y cobijado por gran parte de los medios de comunicación, Eder gobierna con indiferencia frente al desencanto ciudadano. La esperanza de renovación se evaporó, y el supuesto cambio terminó siendo el continuismo con otro rostro.
Eder ofreció transparencia, meritocracia y lucha contra la corrupción, pero hoy su administración reproduce el mismo esquema clientelista que juró desmontar. Lo más paradójico es que ganó por denunciar eso. La Alcaldía se ha convertido en un fortín electoral, sostenido por una red de más de 15 mil contratistas que operan como una estructura paralela de poder, donde la lealtad política pesa más que la capacidad técnica o el servicio público.
El Concejo de Cali, bajo la presidencia de Edinson Lucumí, enfrenta una batalla por defender su autonomía frente a las presiones de una administración que busca someter el control político y perpetuar su influencia. El gobierno que prometió limpiar la casa terminó repitiendo los vicios de siempre. Eder no encarna el cambio: lo neutralizó y enterró bajo contratos . Cali no necesitaba un rostro nuevo para el continuismo; necesitaba resultados y respeto por la ciudadanía.
Corrupción disfrazada.
La Alcaldía de Cali interviene en procesos que no le corresponden, como ocurrió con la Contraloría de la ciudad. Ese ha sido otro error de Alejandro Eder: presionar contratistas PS y usar la política para favorecer intereses, como se evidenció en 3 actuaciones: la del Consejo de Juventudes, la campaña al Senado/Camara y la consulta del Pacto Histórico.
Es un ejercicio de poder que ha tejido una red de conveniencias donde se castiga la independencia. Así lo demuestra lo ocurrido con varios miembros de Cambio Radical, incluido el presidente del Concejo. Cali presencia una muestra más de la politiquería sostenida con recursos públicos. El caso del secretario Gustavo Orozco refleja esa confrontación que afecta a la ciudad. Fue suspendido por la Personería al ejercer funciones estando incapacitado. La sanción es procedente, pero ahora se ha solicitado el poder preferente y el caso pasará a la Procuraduría.
El Concejo, en su deber de control, debe imponer una moción de censura ante tanta arbitrariedad en las calles de Cali, una decisión necesaria para recuperar el orden institucional.
Cali en crisis
La política terminó desplazando la gestión en la ciudad más violenta de Colombia. Cali, en crisis fiscal, asume hoy los costos del desgobierno. La administración ha centrado sus esfuerzos en la estrategia electoral y la politiquería, con los 15.000 PS como principal instrumento.
Los problemas de seguridad siguen sin respuesta. El MIO continúa siendo insostenible, la educación pública no mejora y varios barrios aún carecen de agua durante el estiaje. Estos temas han quedado fuera de las prioridades.Eder proyecta su carrera política, pero ha perdido la confianza ciudadana. El alcalde se convirtió en una versión más elaborada del “chontinuismo”.
Cali necesita un gobierno que actúe con soluciones de largo plazo, no cosmeticas, sin contratos disfrazados de progreso, sin cálculos electorales y sin tantos eventos y discursos dirigidos al gabinete y a los asistentes de los actos oficiales.
Nuevo motor del conocimiento
La inteligencia artificial se ha convertido en una aliada clave para repensar la ciudad, el deporte y la educación. En Caliescribe, después de 15 años de trabajo sistemático recopilando información urbana, se ha comprobado que la tecnología puede transformar los datos en conocimiento útil para el desarrollo. Cada interacción, registro y métrica —ya sea del ámbito urbano o deportivo— se convierte en una oportunidad para aprender e innovar.
Este enfoque permite optimizar estrategias y conectar distintas disciplinas, haciendo de la IA un verdadero compañero de aprendizaje. De esta manera, el deporte impulsa la investigación, la ciudad se convierte en un aula abierta y la educación encuentra en la tecnología un camino para construir comunidades más preparadas, inclusivas y sostenibles.
Modelo de ciudad inteligente
Caliescribe integra información urbana, deportiva, educativa y tecnológica como base para la transformación de las ciudades. Ha recopilado más de 30.000 documentos procesados con IA, que dan origen a una plataforma de conocimiento que se lanzará en febrero de 2026, impulsada por el primer buscador urbano con IA de Colombia. Esta herramienta conectará información en segundos y apoyará investigaciones académicas y urbanas.
La iniciativa se amplía con el Centro de Pensamiento Deportivo Latinoamericano (CEPALAC), promovido por Caliescribe junto a líderes de Chile, Ecuador, Uruguay, Honduras y Colombia.
Desde Cali, esta red impulsa innovación, transparencia y formación en los ámbitos urbano y deportivo.
El futuro urbano, educativo y deportivo se construye con datos, cooperación y visión internacional.
Alianza para transformar.
Caliescribe impulsa la creación de espacios donde el conocimiento, la emoción y la tecnología se encuentren. Hoy con un equipo dedicado al estudio e investigacion, trabaja en un proyecto urbano que une deporte, aprendizaje y música, abriendo el camino hacia una nueva forma de vivir la formación y el deporte base.
La inteligencia artificial ayudará a comprender los datos, a pensar con más claridad y a crear proyectos que mejoren nuestras ciudades. Es el comienzo de una revolución que nace desde el deporte, con corazón educativo y ritmo propio, todo es información.
No se pierdan la rueda de prensa en febrero de 2026.









