En las calles de muchas ciudades colombianas, los semáforos se han convertido en escenarios donde la presencia de migrantes venezolanos (en su mayoría) es cada vez más visible. Muchos de ellos, en lugar de esperar que cambie la luz del semáforo, optan por pedir limosna, realizar piruetas, acrobacias deportivas, limpiar vidrios, cantar o crear unas coreografías para captar la atención de los conductores y transeúntes, en busca de unos pesos que les permitan sobrevivir en un país que, aunque les ha abierto las puertas, todavía presenta desafíos económicos y sociales muy grandes.

La mayoría de estos migrantes venezolanos y de otros países, que llegaron a Colombia en busca de mejores oportunidades o para escapar de la grave crisis en su país. Familias completas, mujeres en embarazo, niños y ancianos, son el pan de cada día. La situación en Venezuela los obligó a dejar su tierra y sus familias, y ahora enfrentan en Colombia una realidad difícil: empleos informales, falta de documentación regularizada y en muchos casos, discriminación o rechazo social. Los semáforos se han convertido en su vía de subsistencia, donde ofrecen su “talento” para recaudar algunos pesos o monedas.

Este fenómeno refleja no solo la vulnerabilidad de una población que busca sobrevivir, sino también la necesidad de una política seria, efectiva, integral que brinde oportunidades y apoyo a estos migrantes. Aunque algunos los ven como una molestia o una carga, en realidad representan una historia de resiliencia, esperanza y la lucha diaria por una vida digna en un país que, a pesar de todo, sigue siendo su hogar. Es importante reconocer, que detrás de cada rostro en el semáforo, hay una historia de esfuerzo y sacrificio.

Y ¿qué decir cuando se acerca la época navideña? Familias completas se instalan en los semáforos para pedir y recibir regalos para sus hijos, comida, ropa, juguetes a cambio de sus graciosas y espontáneas coreografías, de igual forma, se inundan las calles con los famosos “diablitos” que ha manera de comparsa y con vistosos disfraces, danzan, cantan y tocan instrumentos musicales para recaudar dinero.

Aunque no existen datos oficiales precisos a nivel nacional, diferentes estudios y reportes de organizaciones sociales y de gobierno, indican que hay miles de personas que realizan esta actividad en las principales ciudades del país, como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, engrosando las difíciles e interminables cadenas de miseria.

La mayoría de estas personas, enfrentan condiciones de vulnerabilidad, incluyendo pobreza, falta de acceso a educación, a la salud, servicios básicos, y en algunos casos, historia de desplazamiento forzado o violencia… Toda clase de abusos!

Alarmante es que algunos grupos organizados o “redes” de mendicidad, facilitan o controlan estas actividades en ciertos lugares, obteniendo lucros económicos. La presencia de actividades delictivas en algunos sectores, puede estar relacionada con la vulnerabilidad de estas personas, quienes en ocasiones son víctimas o participantes en casos de robo o violencia y abusos. La dificultad para acceder a empleos dignos y estables, impulsa a muchas personas a recurrir a actividades informales, como pedir limosna o “trabajar” de diversas maneras en los semáforos, en busca de recursos inmediatos.

 

En el país existe una entidad, ”Observatorio del Delito en Colombia” brazo importante de la Fiscalía General de la Nación, Policía Nacional, que conjuntamente procesa información valiosa, cumple un papel fundamental en la elaboración de un diagnóstico preciso de la situación delictiva, salud pública, mendicidad en el país, contribuyendo así a la formulación de estrategias más efectivas para la seguridad ciudadana. Su objetivo principal es proporcionar datos confiables y actualizados que permitan a las autoridades, instituciones y la ciudadanía en general, comprender mejor las tendencias del delito, trabajos callejeros e identificar áreas prioritarias para la intervención y diseñar políticas públicas efectivas para la prevención y el control de los mismos. Cualquier denuncia o información, los teléfonos son: (601) 5159700 Ext. 30545, Línea púrpura Policía Nacional 155, ICBF 144, Fiscalía Línea gratuita 01 8000 919748 o al 122.

Es importante señalar que las cifras estadísticas, pueden variar con el tiempo y que la falta de un censo oficial específico, hace difícil obtener datos completamente precisos.

La forma en que la sociedad percibe y trata a las personas en situación de rebusque en los semáforos, puede influir en su integración social. Es importante entender que muchas de estas personas enfrentan dificultades complejas y que la solución requiere políticas integrales que aborden la pobreza, la educación, la salud mental y la seguridad social, además de promover la inclusión y el respeto hacia ellas. Todos estos puntos son muy válidos pero la prioridad del gobierno, debe ser la solución a los graves problemas internos que existen en el país, para así poder extender a los demás ciudadanos de otras naciones, cualquier tipo de apoyo.

Reflexión: ¿Cómo crees que las personas que trabajan en los semáforos, logran sobrevivir día a día en una situación tan vulnerable, y qué nos enseña esto sobre la empatía y las desigualdades sociales que existen en Colombia?

Habrá que seguir con la lupa puesta..!

Emperatriz Giraldo S

Comunicadora y Periodista - [email protected]