El día sin carro demostró de manera clara y fehaciente que el problema de la movilidad en el centro y la periferia de la ciudad de Cali se encuentra relacionada con el crecimiento desbordado del parque automotor en circulación por calles y avenidas, insuficientes para albergar la afluencia permanente de innumerables vehículos, generándose una gran congestión vehicular que en la actualidad ha traído como consecuencia que se pase de la movilidad, a la inmovilidad del transporte urbano, la cual ha rebasado las posibilidades de las autoridades de enfrentar esta situación más allá de imponer medidas como el pico y placa, las cuales no son suficientes para garantizar la fluidez del transporte, en tanto que las campañas educativas encaminadas a crear conciencia sobre el respeto de las normas del tránsito poco o nada han servido para educar a los conductores que permanentemente infringen las normas del tránsito, tal como sucede con los motociclistas que circulan por los andenes y se entrecruzan peligrosamente entre los vehículos, contribuyendo al represamiento vehicular y poniendo en riesgo su propia vida frente a un eventual accidente de tránsito.
Este problema que demanda de soluciones estructurales y funcionales no parece tener solución en la ciudad, al tiempo que por el contrario, tiende a agravarse en la medida en que cada día ingresan más carros y motos a la circulación a partir del incremento de la oferta de vehículos, jalonada por el crecimiento de la demanda de usuarios, que no encuentran en el transporte público una solución a sus necesidades de transporte, particularmente con el MIO.
Entretanto, aumentan los reclamos y quejas de los ciudadanos debido al aumento del ruido y de la contaminación especialmente en algunos sectores de la ciudad en donde se han permitido toda clase de desmanes, particularmente en aquellos barrios en donde predominan toda clase de actividades “recreativas” y turísticas, tal como sucede en barrios como San Antonio, Peñón, Arboleda, etc., que sufren el impacto negativo y constante de un tránsito desbordado que circula las 24 horas, afectando la convivencia y el sosiego doméstico de sus habitantes.
Desde la Veeduría que representamos, consideramos necesario adelantar un gran debate con la participación de representantes de los barrios y comunas afectadas con estos hechos, con el fin de examinar dicha problemática y adoptar las medidas más convenientes para lograr mitigar aunque sea parcialmente dicha situación, que como se dijo inicialmente, rebasó las posibilidades de las autoridades para enfrentarlas de una manera lógica y racional.
Sugerimos se convoque un gran cabildo distrital en donde se debata este asunto considerado como de interés general.