El antropólogo Jason Hickel, en su informado libro, Menos es más, 2021, después de  recordar la inquietante historia del capitalismo, y la realidad detrás de la amenaza ecológica y climática al planeta, como lo señalan en el prólogo K. Mawuli y R. Read, propone cinco vías hacia un mundo poscapitalista citando a Greta Thunberg: “No podemos salvar el mundo siguiendo las reglas. Lo que hay que hacer es cambiar las reglas.” Son temas tratados en los medios e incluso en ¿Ciudad? de El País.

          Poner fin a la obsolescencia programada: “Las empresas ansiosas por incrementar las ventas tratan de crear productos que están diseñados para dejar de funcionar y tener que ser reemplazados al cabo de un periodo relativamente corto de tiempo” (p. 224). A la que hay que agregar la obsolescencia inducida de casas, edificios y barrios enteros para facilitar el negocio privado del suelo urbano con la disculpa de su supuesto desarrollo y modernización (ver Eduardo Galeano: Me caí del mundo y no sé cómo entrar, 2010).

          Limitar la publicidad: “Se trata de una agresión a nuestra conciencia: la colonización no sólo de nuestros espacios públicos, sino también de nuestras mentes [y las] investigaciones han revelado que el gasto en publicidad tiene un impacto directo y muy significativo en el consumo material” (p. 227). Es imperativo persuadir a los ciudadanos de no hipotecar la calidad de sus vidas a una sociedad de consumo que vende sus falsas ilusiones por una televisión que además idiotiza y unas vallas que engañan.

          Pasar de la propiedad al usufructo: “Hay muchas cosas que consumimos que son necesarias, pero que apenas utilizamos: aparatos como un cortacésped o determinadas herramientas eléctricas que a lo mejor se usan una vez al mes, quizás durante un par de horas como máximo, y que permanecen inutilizados el resto del año (p. 231). O que la vivienda financiada por el Estado debería ser en alquiler para que la gente pueda vivir en lo posible a una distancia caminable del trabajo, el comercio y los colegios.

          Acabar con el desperdicio de alimentos: “Hasta un 50 por ciento de todos los alimentos que se producen en el mundo anualmente (lo que equivale a unos 2000 millones de toneladas) acaban desperdiciados” (p. 232). Incluyendo toda clase de alimentos vergonzosamente dilapidados sin consumir, que se suman a millones de toneladas de basura, generando casi tres cuartas partes de las emisiones totales de dióxido de carbono que contribuyen al cambio climático.

          Reducir las industrias ecológicamente destructivas: “Si consumimos la mitad de productos […] necesitamos la mitad de fábricas y de maquinarias para producirlos, la mitad de [vehículos] para transportarlos […] de almacenes y tiendas para distribuirlos […] de camiones de basura e instalaciones de tratamiento de residuos para procesarlos cuando se tiran y [de] energía para construir, mantener [y] funcionar toda esa infraestructura” (p. 236). Significaría reducir a la mitad los gases de efecto invernadero.

          Sobrepoblación; consumismo promovido por una publicidad engañosa; desperdicios; subutilización;  obsolescencia programada e inducida; son realidades que muchos no ven, o no pueden, o que prefieren ignorar. Pasarlo por alto ha llevado a eludir sus consecuencias para la vida humana y ya ha acabado con la de otras especies, pero como indica Jason Hickel: “Si nos deshacemos de trabajos innecesarios, podemos acortar la jornada laboral […] manteniendo el pleno empleo” (p. 237).

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.